Virgen suicida



Virgen suicida

Se preguntó si él existía o solo era fruto de su mente enferma, de su deseo… El príncipe de sus cuentos de niña, su parte masculina y abstracta; aquel separado de su todo por un capricho de los ancestros.

Parte de músculos y huesos e interior tierno; esperaba que abrazara su cuerpo, que besara sus labios, que amara su templo. Besos dulces: miel de Alcarria. Besos pomelo, bilis del Cierzo. Solo besos y amor desde que la miró y no fue suya sino de otro que pasaba en ese momento.

Piel oscura y ojos negros. Melena azabache y adiós eterno. ¿Por qué tuvo que mirarla? ¿Por qué no apartó esa mirada lasciva de sus caderas y su cabello fiero? Ni tan siquiera era un noble de hojalata: un sonido del viento, una espada que no se clava, un santuario muerto.

Mujer perdida y azuzada por el fuego. Caramelo derretido en papel celofán con lazo ligado a una muerte de hielo; sin pasión y sin miedo. Crin dorado y piel alba, descansa. Tu hora llegó: el ogro se marcha.

Derrama golosinas en tu garganta, vuela del décimo al suelo, acaba en las vías del tren o en medio de una calzada. Sé otra virgen suicida de Jeffrey Eugenides. Pero recuerda: él no es príncipe de nada. Y a ti, el Nirvana te queda lejos.

Ya sabes que te mira de reojo con la guadaña al viento y la capa oscura: noche cerrada; sima de montaña; agujero negro. Solo perdona una vez: la suerte está echada desde el principio de los tiempos.

Adiós, muñeca de trapo, quimera fugaz, ángel del cielo. Cierra los ojos y olvida tu credo.



©Anna Genovés
12/05/2018
Imágenes tomadas de la red. Mis agradecimientos al fotógrafo Vadim Stein

The Mission Wasteland full subtitulado español

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