NOCHE BLANCA
Mi cuerpo está mohíno, a punto de desfallecer…
No he comido nada y mi mente está del revés.
Todo parece distinto, extraño,
como si no conociera lo que veo…
No pensara lo que pienso y no fuera quien creo ser.
Me gusta exponer mi organismo a todo lo extremo…
Y extenuada, al límite de lo ilimitado, vuelvo.
Soy una esponja que evapora su líquido,
apretando al máximo,
sin ningún tipo de auspicio.
Me dejo llevar por la tierra, me dejo llevar por el agua…
Huyo del viento que bambolea mi rostro
y del fuego que me abrasa.
Nada me importa que no sea mi resaca…
La de la noche pasada, cuando, repleta de hipnóticos
me sumergí en mi cama.
Y después de lidiar con el diablo, una y mil veces;
abrí los ojos y deambulé por la casa.
Una noche sin sentido…
Una noche blanca como la muerte;
la muerte que roza mis sentidos y después se aparta.
En ese lugar preciso donde la locura se funde con la calma,
allí, en el recoveco más lejano, me escondo
para huir de todos y quedarme con la nada.
La nada y el todo…
Lo gris y lo malva.
Y después, me alzo por encima del firmamento
y despliego mis alas… Alas opacas como la noche.
Esa noche que impide que me vaya.
La locura de mi vida, reside en mi cuerpo que se apaga,
mi cuerpo que se apaga y mi mente suicida,
que me mata y me mata.
Sumida en un letargo, vivo a mi antojo…
Y de él sólo salgo, cuando me llama mi soliloquio.
Ann@ Genovés
