Reseña de La ciudad de las luces muertas
Sinopsis de la novela
Después de un prólogo dedicado al escritor Carlos Ruíz Zafón, la novela se traslada a 1941,
cuando un gesto de Carmen Laforet —primera ganadora del premio Nadal— desencadena
un apagón que deja a Barcelona sin luz natural ni artificial. A partir de ahí,
Uclés imagina una ciudad donde sus épocas se superponen: edificios
desaparecidos reaparecen, otros que aún no existen irrumpen antes de tiempo, y
la urbe se convierte en un territorio donde conviven tiempos que nunca deberían
cruzarse.
En ese escenario imposible,
desfilan escritores, artistas y figuras históricas que regresan para
protagonizar encuentros tan improbables como simbólicos. La historia sigue a
varios personajes que intentan entender el origen de la oscuridad y encontrar
la manera de devolver la luz a una Barcelona convertida en un caos temporal.
Sobre el autor
David Uclés (Almería, 1978) es
escritor y profesor. Antes de La ciudad de las luces muertas, había publicado
cuatro novelas: El llanto del león (2019), Emilio y Octubre
(2020), La península de las casas vacías (2024) y La ciudad de las
luces muertas (2026).
La península de las casas
vacías fue la obra que lo dio a conocer y la que acumuló la mayoría de sus
premios, gracias a su mezcla de memoria, imaginación y una mirada crítica sobre
el territorio. Su escritura combina elementos realistas con un componente
simbólico o fantástico, siempre con un estilo cuidado y una fuerte presencia
del paisaje —urbano o natural— como motor
narrativo.
Con La ciudad de las luces
muertas obtuvo el Premio Nadal 2026, lo que consolidó su nombre en el
panorama literario español y lo situó entre las voces que exploran la relación
entre historia, identidad y ficción.
Reseña personal
Siempre que decido leer una
novela para hacer una reseña, procuro mantener un punto de vista objetivo. Me
baso en cuatro preguntas: ¿a qué género literario pertenece?, ¿qué cuenta?,
¿cómo lo cuenta? y ¿cómo está escrita? Eso en primer lugar; después, me
fijo en el estilo del autor y, por último, en el diseño en general, algo que, usualmente,
compete más a la editorial.
¿Qué decir de La ciudad de
las luces muertas? Estamos ante una novela de narración ágil y con un
estilo narrativo impecable, pero… esa Barcelona superpuesta y yuxtapuesta,
formada por capas de épocas distintas, convertida en una amalgama de
personajes, lugares, monumentos, calles, tabernas y figuras inventadas o de
tercera regional, es poco más que un repertorio a modo de callejero para
quienes son amantes de esa Barcelona tan catalana. A veces, la ambición de
querer abarcarlo todo (lo cuántico, lo histórico, lo apocalíptico) termina
dejando un vacío enorme en lo que de verdad importa: la coherencia y la
emoción. Es más importante la profundidad narrativa que una lista de
celebridades.
Por poner un ejemplo, la
procesión de personajes importantes que aparecen, aunque sea tan solo para
decir: «He pasado por aquí, aunque poco voy a decir. Pero no lo olviden: he
pasado». Este es el índice de los personajes principales del volumen, que se
despacha en menos de trescientas páginas; añádanles numerosos personajillos y
toda la decoración emblemática —o no— de la ciudad, desde tiempos remotos hasta
la actualidad y el futuro. Un libro no debe valorarse solo por su técnica,
sino por su alma. Y este, lamentablemente, no la tiene:
EL ESCRITOR — Carlos Ruiz Zafón
LA VEINTEAÑERA — Carmen Laforet
LA PRESIDENTA — Dolors Monserdà
EL VIOLONCHELISTA — Pau Casals
EL FOTÓGRAFO — Julio Cortázar
EL MEXICANO — Carlos Fuentes
EL PACIENTE — Mario Vargas Llosa
LA NIÑA — Ana María Matute
LA FILÓSOFA — Simone Weil
EL CUBISTA — Pablo Picasso
EL SUICIDA — Carles Casagemas
EL SURREALISTA — Salvador Dalí
EL PIANISTA — Isaac Albéniz
LA CUPLETISTA — Raquel Meller
EL RETRATISTA — Ramon Casas
LA SUFRAGISTA — Carmen Karr
LA ACTRIZ — Margarita Xirgu
EL NEURÓTICO — Woody Allen
EL ATLETA — Fermín Cacho
EL ARQUITECTO — Antoni Gaudí
EL ENEMIGO — Lluís Domènech i
Montaner
EL CRONISTA — Josep Pla
LA PINTORA — Lluïsa Vidal
EL ESCULTOR — Joan Miró
EL TRAMPANTOJISTA — Josep Maria
Sert
EL SINESTÉSICO — Rubén Darío
LA DRAMATURGA — Rosa Maria
Arquimbau
LA CANTARINA — Sílvia Pérez Cruz
EL DRAMATURGO — Roberto Bolaño
EL MORIBUNDO — Jaime Gil de
Biedma
LOS HERMANOS — José A., Juan y
Luis Goytisolo
EL BIGOTUDO — Freddie Mercury
EL BALONCESTISTA — Magic Johnson
EL LADRÓN — Jean Genet
EL EGIPCIO — Terenci Moix
EL HUIDO — Antonio Machín
LA SOPRANO — Montserrat Caballé
EL VIOLAGAMBISTA — Jordi Savall
LA DIRECTORA — Núria Espert
EL TIRADOR — George Orwell
LA PERIODISTA — Montserrat Roig
LA PALOMERA — Mercè Rodoreda
EL GRAMÁTICO — Pompeu Fabra
EL POETA — Antonio Machado
EL DIBUJANTE — Josep Bartolí
EL MAGO — Gabriel García Márquez
LA POETISA — Cristina Peri Rossi
EL PIANISTA — Enrique Granados
EL CUERDO — Pere Calders
LA INSPIRADA — Rosa Regàs
EL INFORMALISTA — Antoni Tàpies
LA ACTIVISTA — Maria Aurèlia
Capmany
EL INFILTRADO — Josep Maria de
Sagarra
EL EXTRATERRESTRE — Eduardo
Mendoza
EL DETECTIVE — Manuel Vázquez
Montalbán
EL GITANO — Juli Vallmitjana
EL EDITOR — Carlos Barral
LA AGENTE — Carmen Balcells
EL CIENTÍFICO — Marc Pau Coixí
EL AYUDANTE — Biscuter
LA PILOTO — Mari Pepa Colomer
EL TERTULIANO — Pompeu Gener
LA BAILAORA — Carmen Amaya
EL ANISERO — Federico García
Lorca
EL PENSADOR — José Ortega y
Gasset
EL CINÉFILO — Vicente Molina Foix
EL APASIONADO — Antonio Gala
EL MÉDICO — Gregorio Marañón
LA PEDAGOGA — María de Maeztu
EL EGIPTÓLOGO — Salvador Espriu
LA TRADUCTORA — Ana María Moix
LA PROMESA — Rosalía
EL SIMBOLISTA — Santiago Rusiñol
LA LÍRICA — Victoria de los
Ángeles
Uclés sufre el síndrome del
“name-dropping” literario al usar nombres ilustres y edificios emblemáticos no
porque aporten algo profundo a la trama, sino como un decorado de cartón piedra
para intentar dar un barniz de importancia o intelectualidad a la obra. Porque
si la lees con detenimiento… ¿qué aporta? Unos relatos cogidos de la mano como
una gargantilla de piedras heterogéneas, cuyas cuentas pueden ser sílex o ermeloíta.
Politización y sesgo
Por otro lado, hasta el primer
interludio, la obra adolece del uso insistente del término Iberia
para evitar nombrar a España. Esto supone un sesgo geográfico e ideológico
considerable, ya que Iberia engloba —y siempre ha incluido— a la actual España
(Cataluña incluida), Portugal, Andorra y Gibraltar. Utilizar Iberia para
oponerla a una de sus partes es ignorar que el término abarca al conjunto,
revelando una intención política y narrativa tan acusada como excluyente. Lo
cual resulta contrario a la universalidad que se le presupone a un Premio
Nadal.
«—¿Por qué no? —Porque, según los
libros de historia, morí hace más de veinte años. En parte es cierto. Pero, en
realidad, no lo es. No se asuste. Mire, se lo voy a contar. Total, se acabará
enterando... No soy la reina María Cristina, eso es bastante obvio, pero soy
otra persona que, según los registros, también falleció. Soy... Dolors
Monserdà. —La mujer hizo una pausa dramática y esperó a que la joven se
sorprendiera, pero Carmen ni se inmutó, pues asumió que se trataba de parte del
espectáculo. La vieja continuó hablando—. Los aquí presentes piensan que soy
una actriz disfrazada de la reina consorte, porque todo el mundo se creyó mi
muerte en el año 19. ¡Pero soy Dolors! —Carmen empezó a sentirse confundida y a
dudar de lo más elemental—. ¿Quién se pensaba que era? —¿Una actriz haciendo de
Monserdà? —Menuda imaginación la suya. ¿Una actriz de noventa años
haciéndose pasar por una escritora muerta que, a su vez, se hace pasar por la
difunta reina de Iberia? ¡Deje esas naderías para sus escritos! —Disculpe.»
El artificio frente a la
realidad
La obra se presenta como un
escenario barroco, tan cargado de adornos que terminan por emborrachar al
lector. Entre tanto "error cuántico" y realismo mágico, nos
encontramos con descripciones que rozan lo absurdo. El autor nos habla de
"grandes huevos blancos... como bígaros". Cualquiera que haya pisado
una playa sabe que un bígaro es un caracol diminuto; comparar algo
"grande" con un molusco de dos centímetros no es una licencia
poética, es un error de escala que rompe la verosimilitud.
«... de toros Monumental se llenó
completamente de nieve y alcanzó semejante peso que se hundió y quedaron
erguidas solo las torres que sostenían grandes huevos blancos de Pascua,
como bígaros. Lo mismo le sucedió al Camp Nou, que se hundió en lo profundo
de la tierra.»
¿Y, además, contradicciones
históricas?
El desfile de figuras históricas
que propone la novela pretende ser un mosaico temporal, pero acaba
pareciendo un callejero de marionetas: personajes que entran y salen sin
peso, sin voz y sin función narrativa más allá del guiño. Y, para colmo, el uso
de ciertos términos históricos resulta contradictorio. Hablar de “íberos
layetanos” en pleno contexto catalán es, como mínimo, problemático: los
layetanos son un pueblo prerromano de la costa catalana, sí, pero su presencia
aquí se utiliza como un adorno más, sin rigor ni coherencia con el resto del
planteamiento. Es un ejemplo más de cómo la novela mezcla épocas, culturas y
figuras sin criterio, como si todo cupiera en el mismo saco con tal de generar
impacto visual.
«Hay que señalar que el número de
transeúntes en las calles de Barcelona aumentó considerablemente, y, por ende,
también las víctimas. La ciudad quintuplicó su población. Si bien es cierto que
la mayoría de los ciudadanos reaparecidos pertenecían al siglo XX, quizá por
haberse producido la hecatombe en dicho siglo, también revivieron vecinos de
otras épocas: íberos layetanos sobre Montjuïc; judíos, cristianos y romanos
en el casco viejo; visigodos arrianos que se lamentaban de que su rey acabara
de ser asesinado; carolingios que comprobaban afligidos que su arquitectura no
perduraría al paso del tiempo; cortesanos medievales sobre las murallas y
caballeros con celadas y lanzas; condes del Renacimiento y religiosos
afincados en los templos barrocos; pudientes arquitectos del siglo XIX,
vanguardistas y literatos del XX; Le Corbusier con la idea de que sería en
Barcelona donde se experimentaría con la arquitectura viva; Juan Pablo II
bendiciendo la Sagrada Familia o Robert Hughes dando el pregón de las fiestas
de la Mercè; políticos del XXI y hasta científicos y universitarios del siglo
XXII y de los posteriores.»
El juicio moral superficial
El tratamiento superficial de
figuras históricas es especialmente evidente en el caso de Picasso, a quien se
etiqueta de “infame” en un ejercicio de enfant terrible que busca la
provocación fácil. No hay matiz, no hay contexto, no hay reflexión: solo un
juicio moral lanzado como un dardo para generar escándalo. Y lo peor es que la
novela pretende que este gesto tenga peso narrativo, cuando en realidad se
queda en un gesto vacío.
«Picasso sufrió en sus propias
carnes un error cuántico, un fallo en el sistema narratológico. No volvió a
su época, tal y como hizo el resto de los personajes. Él se quedó en el año
2026. Días más tarde, se suicidaría, un ocho de abril. Lo haría después de
darse cuenta de que en el futuro sería reconocido como el mejor pintor de la
historia, pero también como uno de los más infames. No se quitó la vida por
el arrepentimiento ni la tristeza, sino por la rabia de que la inhumanidad con
la que él convivía satisfecho fuera entonces pública.»
Conclusión
Es una pena que se politice el arte de esta manera, cayendo incluso en una demagogia que parece gritar: “Señoras, soy feminista; señores, soy moderno; lectores, soy diverso: cómprenme el libro”. A ello se suma un guiño constante a su propio ecosistema —editor, agente, círculos afines— que convierte la novela en un ejercicio de complacencia más que en una propuesta literaria sólida. Al final, La ciudad de las luces muertas se siente como una obra escrita para agradar a los suyos, un escaparate brillante pero hueco. Una obra ambiciosa que confunde acumulación con profundidad y gesto con pensamiento.
Si tuviera que definir este libro
en una sola frase, sería esta: apología del nacionalismo catalán escrita por
un niño de Úbeda. Y una mención especial a la portada, de la que nunca
suelo hablar, pero que, tras las fiestas josefinas de mi tierra, solo puedo
describir como una Falla más. Tal vez no se merezca otra más elegante.
Escrito por Anna Genovés
22 de marzo de 2026
✒️ Dedicado a José Luis Moreno‑Ruiz (1953–2021)
Por todo lo que me enseñó, por su irreverencia luminosa y por aquella valentía suya que nunca pidió permiso. Que esta reseña viaje también hacia él, dondequiera que siga escribiendo.
#ReseñaLiteraria #CríticaLiteraria #BlogLiterario
#Lecturas2026 #LibrosQueOpinan #OpiniónDeLectura #LeerEsPensar
#BarcelonaLiteraria #NarrativaContemporánea #FicciónEspañola #RealismoMágico
#NovelaActual #PremioNadal #AnnaGenovés #Bookstagram #BookReview #BookBlogger
#BookCritic #LibrosRecomendados #LecturasReales #BookCommunity #DavidUclés
