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Reseña de El cuento de la criada, Margaret Atwood

Ficha bibliográfica

El cuento de la criada ePUB
Título original: The Handmaid's Tale
Margaret Atwood, 2001
Traducción: Elsa Mateo
Páginas: 1.203

Sinopsis de la novela

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy. En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir, le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo. Los peligros inherentes al mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.

Sinopsis tomada de El cuento de la criada editado por la editorial Salmandra



Reseña de El cuento de la criada de Margaret Atwood

Llegué a su lectura después de haber escuchado las bondades de la actual serie televisiva y la película de 1990 basadas en la misma, ambas visionadas a posteriori.

Bajo esta tesitura, opino que todos los escritores desearíamos que un guion televisivo o cinematográfico reflejara el alma de nuestra obra. Esto, por suerte para la autora, es lo que le sucede a El cuento de la criada. Con el aditivo de que, sobre todo en la serie televisiva, la fuerza de las imágenes y las licencias de los guionistas, han edulcorado hasta tal punto la novela, que ha cautivado por completo a los espectadores. No es para menos.



La novela, narrada en primera persona por Defred, la protagonista, a modo de diario entrecortado donde la historia de su pasado se superpone a la del presente con una retahíla de flashbacks y algún que otro flashforward o su propia inventiva…, nos arrastra a las profundidades del abismo de una distopía que nos hace reflexionar acerca del horror del sometimiento. Margaret Atwood fundamenta su terrorífica historia, en cierta medida, desde la perspectiva de la religión panteísta que profesa.

La narración, sustentada en un futuro relativamente próximo –primer cuarto del siglo XXII—, te deja perplejo desde la primera página.

Es obvio que cause está sensación cuando descubres que los todopoderosos E.E.U.U. se han convertido en la república de Gilead: una sociedad patriarcal y arcaica gobernada por una teocracia puritana que enaltece las prácticas del Antiguo Testamento, en la que se han perdido la mayoría de libertades… Y, ¿qué decir la mujer? Las féminas han pasado de una floreciente emancipación, a una regresión absoluta donde solo sirven para cuidar la casa, hacer la compra y, ¿cómo no? Procrear.

Sin embargo, la concepción ha quedado reducida a un grupo minoritario de mujeres en edad de gestación; motivado por los medios anticonceptivos de la sociedad pre-apocalíptica y por los numerosos efectos secundarios de los agentes tóxicos post-apocalípticos. Hechos que han mermado la capacidad de fertilidad hasta cotas mínimas: el futuro de la Humanidad, peligra.


Con este panorama, imaginamos que a este grupo de mujeres tan especial, se las debe idolatrar: nada más lejos de la realidad. Se las educa en una especie de escuela monacal, tipo claustro ‘torquemanense’, donde todo es válido si no haces lo que te dicen; incluido destrozarte los pies a latigazos, darte descargas eléctricas, mantenerte arrodillada –en una día de lluvia copiosa— con los brazos en cruz y sujetando piedras en las manos…, o cualquier aberración que se les ocurra. Todo bajo dosificación de benzodiazepinas. A las chicas se las droga para que sean verdaderos lechales esperando el engorde antes de ir al matadero. La no concepción equivale a la muerte –por lo general, se las ahorca y sus cuerpos quedan a la intemperie en el muro que rodea Gilead—, o al destierro en las colonias.

El muro me hizo pensar en los guetos judíos de la Alemania nazi; en El cuento de la criada es la separación entre la República de Gilead o zona libre de guerras, de la otra sociedad… la infectada, la guerrera, la pecadora, la libre. Y en él, acaban colgados todos los que, por uno u otro motivo, desobedecen las leyes teocráticas impuestas por los gobernantes: una serie de comandantes con un poder absolutista y un ejército poderoso bajo su mando –a los soldados se les llama Ángeles o Guardianes, y a los gobernantes, Ojos.  El paralelismo con el A.T. está servido: los ángeles guardan a los mortales de cometer pecados y los ojos de Dios lo ven todo.


En las colonias acaban algunas mujeres que han intentado fugarse o que han infligido ciertas leyes; verdaderos campos de exterminio cubiertos por vertidos tóxicos al más puro Tercer Reich. No se las gasea: respiran vapores venenosos... También acaban en este lugar infernal, las no-mujeres; entre ellas las hembras maduras que no pueden engendrar o que han pertenecido o pertenecen a la resistencia. Os preguntaréis cómo a unas traidoras se las envía a las colonias y a otras se las ejecuta; la novela no lo aclara… Solo puedo decir: mejor morir ahorcada que sufrir una muerte lenta y agónica.

Es difícil de creer que, en un mundo tan férreo y con un ejército armado hasta las cejas, exista una resistencia. No obstante, como en toda guerra o régimen fascista, la hay. Lo mismo que un mercado negro y lugares prohibidos donde los mandatarios se saltan a la torera las leyes que ellos mismos han impuesto.

Os habrá llamado la atención el nombre de la protagonista: Defred. He aquí el quid de la cuestión: a las mujeres que pueden gestar, se las llama criadas en general, y, además de perder su nombre de pila e ir vestidas de rojo –para verlas desde lejos si se les ocurre escapar—, mientras perteneces a este grupo, adquieren distintos nombres… Dicho apelativo se compone de la preposición ‘de’ –en inglés ‘of’—, y el nombre propio del comandante al que sirven. De tal manera que si sirves a Fred, como el caso de la heroína de El cuento de la criada, te llamas Defred. Hay Deglen, Dewarren… 

¿Por qué? Porque, en la república de Gilead, al igual que en tiempos de los Patriarcas, las mujeres son tratadas como objetos que pertenecen a los hombres; amén de que hay una poligamia encubierta. Las criadas, no solo tienen un dueño, sino que después de parir pierden toda potestad sobre el neonato que pasa a ser hijo legítimo del comandante y su esposa. Al margen, si la criada puede volver a gestar, pasará a ser propiedad de otro comandante.


No todas las mujeres son Criadas. Dentro de la condición femenina existen distintas jerarquías… Las esposas de los comandantes, que siempre visten de azul, tienen la categoría más elevada, incluso pueden denigrar a las criadas, a las sirvientas o Marthas, a las ecoesposas o cónyuges de los hombres de menor rango que no pueden alcanzar la poligamia, y a las Tías o educadoras de las Criadas –con su look militar compuesto por un uniforme pardusco y un gorro tipo chef que les cubre el cabello.


Nunca mejor dicho: las criadas son concubinas violadas reiteradamente por el comandante de turno, vientres de alquiler sin paga extra, recipientes útiles solo para preñarse… y punto.

Por otro lado, el lenguaje del libro es adusto, pese a que la autora tiene una adjetivación magnífica y utiliza unos recursos literarios que embellecen el horror y demuestran la maestría de su pluma.

Creo que la novela presenta un desenlace abierto, lleno de suposiciones y con una prosa carente de ese remate perfecto del cuerpo de la misma. Incluso me atrevo a decir que tiene un final un tanto forzado, como para quitarse el manuscrito de encima: la madre que acaba de parir y siente un rechazo momentáneo por su vástago. Después de reflexionar he pensado: “Seguramente, la autora quería hacer una saga y al ver que no tenía la repercusión esperada en su momento, se reprimió. O quizá estamos ante una verdadera visionaria que ha sabido esperar pacientemente hasta que su libro ha dado los frutos deseados”.

Indudablemente, El cuento de la criada se ha convertido en un fenómeno de masas. En gran medida, por la puesta en escena de la serie homónima que emite el canal HULU y que en España difunde HBO. A fecha de hoy, se está pasando la segunda temporada y ya está firmada una tercera.

De lectura imprescindible: sin lugar a dudas, una obra maestra.





©Anna Genovés
3 de junio de 2018


El cuento de la criada | Tráiler VOSE HD (HBO)



Lecturas que dejan huella

Proemio

Soy una mujer atípica; no me agrada cocinar ni sacarle brillo a los muebles u otras labores de este trabajo tan poco gratificado que hacían las madres de antaño con esmerada pulcritud. Pero, este Fin de Año, me ha dado un loco y me he dicho a mí misma: «Anna, o limpias tu casa a fondo o cogerás un libro y se te pegará a los dedos».

Antes, cuando mi esposo no estaba enfermo y ambos teníamos un trabajo como Dios manda, una amiga me arreglaba la casa por un buen estipendio. Amén de recoger el guardarropa en desuso; más nuevo que los atavíos de muchos obreros.

Los tiempos han cambiado a peor y los nubarrones que acechan las manchas de humedad de las paredes de casa, no pronostican nada bueno. El pariente no puede trabajar por patologías diversas, crónicas y graves. Soy ama de casa y cuidadora a tiempo completo. ¡Ah! Pero escribo: es perfecto. Lo que siempre he hecho bajo manga, actualmente es vox populi aunque no me coma un torrado y los únicos lectores que tenga se descarguen las publicaciones regaladas o hackeadas.

A lo que iba: la mugre. Estaba de Ratita presumida que asea el hogar, por huevos; venga a pasar el paño húmedo por portadas, contraportadas, cabezas, lomos y huecos de todos los libros que hay en las estanterías –he acabado hasta el orto de los mismos—. Cuando un pensamiento ha oscurecido mi raciocinio: «Anna, ¿por qué no regalas los puñeteros libros a una biblioteca y te dejas de rollos patateros. Además, hace tiempo que lees en digital?».

¡Ayyy…!!! Pero no puedo, me gusta ordenarlos y mirarlos al pasar, pese a leer en la Tab. Aunque lo puristas me llamen apóstata sacrílega. Da lo mismo. Seguro que Asimov, Huxley, Lovecraft, Wells y etcétera… estarían conmigo. Con todo mi respeto para quienes prefieren oler la fragancia del libro físico y de las hojas al comenzar un nuevo capítulo. Como dice el refrán: ¡Que cada uno haga de su capa un sayo!

Para que veáis que el digital no quita la afición por la lectura, os dejo el listado de las novelas que han dejado huella en este cerebro atolondrado a lo largo del año.

Listado de lecturas que dejan huella

1.                    Almas paganas, de Elmore Leonard – Muy recomendable



2.                     1280 Almas, de Jim Thompson – Muy recomendable 

3.                     El fruto prohibido, de James Hadley Chase – Muy recomendable




4.                     El secuestro de Miss Blandish, de James Hadley Chase – Muy recomendable

5.                     La casa de la calle del turco, de Dashiell Hammett – Recomendable




6.                     Disparen al pianista, de David Goodis - Recomendable  

7.                     La oreja en el suelo, de James Hadley Chase – Recomendable




8.                     Misión Siena, de James Hadley Chase – Muy recomendable

9.                     Debe ser una broma, de James Hadley Chase – Recomendable

10.                 Viaje a lo desconocido, de Joseph Berna – Entretiene




11.                 El clan de la calavera, de Joseph Berna – Entretiene

12.                 Amada bruja mía, de Lou Carrigan – Divierte



13.                 Asesinato artístico, de Lou Carrigan – Entretiene

14.                 El hombre del brazo de oro, de Nelson Algren – Obra maestra




15.                 El delta de Venus, de Anaïs Nin – Muy recomendable

16.                 Los placeres y los días, de Marcel Proust – Obra maestra




17.                 3 Rosas amarillas, de Raymond Carver - Recomendable

18.                 Adiós muñeca, de Raymond Chandler – Muy recomendable

19.                 El sueño eterno, de Raymond Chandler – Muy recomendable




20.                 A sangre fría, de Truman Capote – Obra maestra




Reseña de A sangre fría, de Truman Capote

Asangre fría, de Truman Capote


ISBN:      978-84-339-7123-4
EAN:       9788433971234
Páginas: 440
Colección:            Panorama de narrativas
Traducción:          Jesús Zulaika
Publicación:         18/04/2006

Sinopsis

Si bien la historia narra la tragedia acaecida el 15 de noviembre de 1959 en una ciudad pequeña y tranquila de Kansas llamada Holcomb, donde cuatro miembros de la familia Clutter fueron asesinados en su casa. Nunca mejor dicho: «A sangre fría». Maniatados y con disparos a bocajarro. La novela es un retrato profundo y psicológico de la sociedad que, directa o indirectamente, tuvo relación con víctimas y asesinos.

En un principio, las investigaciones policiales ultimaron que los crímenes carecían de justificación. La ausencia de pruebas imposibilitó la identificación de los asesinos. De manera que la mayoría de vecinos de Holcomb pasaron una larga temporada como hipotéticos sospechosos.

Años más tarde, Dick Hickock y Perry Smith, fueron encarcelados como presuntos ejecutores. Posteriormente, el 14 de abril de 1965, ahorcados como culpables. Pasaron más de cuatro años en el corredor de la muerte. En una de las confesiones, se descubrió el leitmotiv de la masacre: mientras cumplían condena en la prisión/correccional de Lansing, otro preso –que anteriormente había trabajado para las víctimas—, le conto a Perry que, estos, guardaban una caja fuerte llena de dinero en casa. Algo completamente falso.



Capote dedica el primer episodio: «Los últimos que los vieron vivos». A la vida de los sacrificados en un apartado extenso escrito con la objetividad, el respeto y la sensibilidad necesarios para que el lector empatice con los difuntos. Pero también lo hace con los reos a quienes les dedica el último episodio de la historia: «El Rincón». Donde detalla el ahorcamiento de los mismos. Apartado escabroso y difícil de digerir porque nunca mostraron arrepentimiento. Una lectura incómoda para los norteamericanos pues demuestra que la marginación social rompe el sentido de unidad del país; el sueño americano fragmentado por completo.

El autor, que esperó seis años para publicar el libro por las numerosas apelaciones del caso, nos introduce en el escenario de los hechos con una sabiduría inusitada. Yuxtapone diferentes historias de manera minuciosa, como si fueran piezas necesarias para completar el escalofriante puzle que vomita en su delírium trémens.


…“Por una autopista de Arizona una caravana de dos coches cruza como un rayo el país de la salvia, el país de las mesas, los halcones, las serpientes de cascabel, las imponentes rocas rojas. Dewey conduce el coche que va delante, Perry Smith va sentado junto a él y Duntz en el asiento de atrás. Smith lleva las esposas puestas y las esposas van atadas a un cinturón de seguridad por una corta cadena, lo que limita tanto sus movimientos, que no puede fumar si no le ayudan. Cuando quiere un cigarrillo, Dewey ha de encenderlo y ponérselo entre los labios, tarea que el detective encuentra «repelente» por lo que tiene de íntima... cosa que hacía cuando cortejaba a su esposa.

En conjunto, el prisionero ignora a sus guardianes y sus esporádicas tentativas de pincharlo, repitiendo partes de la confesión de Dick que duró una hora y fue grabada en magnetofón:

-Dice que trató de detenerte, Perry. Pero que no pudo. Mantiene que tenía miedo de que lo mataras a él también.

O bien:

-Sí señor, Perry. Toda la culpa es tuya. Hickock dice que él no es capaz de matar ni las pulgas de un perro.

Nada de esto, por lo menos exteriormente, le hace efecto a Perry. Sigue contemplando el paisaje, leyendo la publicidad de Burma-Shave, contando los esqueletos de los coyotes que adornan las cercas de los ranchos.

Dewey, sin prever especial respuesta, dice:

-Hickock nos ha dicho que eres un asesino nato. Dice que a ti matar no te causa efecto.

Dice que una vez en Las Vegas te cargaste a un negro con una cadena de bicicleta. Que le diste hasta dejarlo muerto. Así, por diversión.

Sorprendido, Dewey ve que el prisionero ahoga un grito. Se retuerce en su sitio hasta poder ver, a través de la ventanilla posterior, el segundo coche de la caravana y su interior:

-¡El duro!

Le vuelve la espalda otra vez y contempla la negra veta de la autopista que atraviesa el desierto:

-¡Pensé que era un truco! No me lo creía. Que Dick se hubiera ido de la lengua. ¡El duro! ¡Oh, un auténtico hombre de hierro! No se atrevería a matarle las pulgas a un perro. Se limitaría a atropellarlo. -Escupe-. No he matado jamás a ningún negro.

Duntz le da la razón. Ha estudiado los archivos de los homicidios no resueltos de Las
Vegas y sabe que Smith es inocente de aquel delito en particular.

-Yo no he matado jamás a ningún negro. Pero él lo creía. Lo he sabido siempre, que si nos pescaban, que si Dick de verdad cantaba, cantaba hasta la última cosa, sabía que diría lo del negro -escupe otra vez-. ¿Así que Dick me tenía miedo? ¡Qué divertido! Me divierte mucho saberlo. Lo que no sabe es que por poco lo mato a él.

Dewey enciende dos cigarrillos, uno para el preso, otra para él.

-Cuéntanoslo, Perry.

Smith fuma con los ojos cerrados y empieza:

-Lo estoy pensando. Quiero recordar exactamente cómo fue -guarda silencio un buen rato y luego añade-: Bueno, todo empezó con una carta que recibí cuando estaba en Buhl, 150 Idaho. Sería en setiembre u octubre. Era una carta de Dick en la que me decía que tenía una breva a la vista. El golpe perfecto. No le contesté pero volvió a escribirme apremiándome para que fuera a Kansas y diéramos el golpe, juntos. Nunca me dijo la clase de golpe. Sólo que era una breva madura «de éxito seguro». La verdad era que yo tenía otra razón para estar en Kansas por entonces. Un asunto personal, que me guardo y que nada tiene que ver con todo esto. Sólo que si no hubiera sido por eso, yo no hubiera vuelto. Pero lo hice. Y Dick fue a esperarme a la estación de autobuses de Kansas City. Me llevó en su coche a la granja de sus padres. Pero no me querían allí. Yo soy muy sensible, siempre sé lo que la gente siente.”…

Extracto de A sangre fría, de Truman Capote



Sobre la novela

A sangre fría, está descrita con una prosa realista que, en ocasiones, roza la crueldad desde un punto de vista imparcial que distingue la intensa investigación llevada a cabo por el escritor y su inseparable ayudante, Nelle Harper Lee. Está escrita en una tercera persona narrativa que evita el sensacionalismo y trata los acontecimientos del magnicidio con esmerada legitimidad. De igual modo, menciona otros crímenes similares sucedidos en los años posteriores al regicidio de los Clutter; tratados por lo que las autoridades con la denominación de imitadores de Dick y Perry.

Desde el encarcelamiento de los homicidas, TC mantuvo una investigación prolongada y escrupulosa con todas las personas relacionadas con el cruento asesinato, incluidos los reos. Lo que le confiere un realismo absoluto que te introduce en cada una de sus páginas; dejas de ser un espectador y pasas a formar parte de la obra. Sufres, lloras, expías las penas y descansas. En esta extensa crónica periodística formateada como una novela, Capote se valió de todo tipo de testimonios para retratar la vida de un inestable Perry (mestizo, con una existencia bastante dolorosa: el ejecutor) y la frialdad de Dick (de inclinaciones pederastas, con una vida cómoda y superdotado: el cerebro). De igual modo, fotografía a los Clutter como una familia metodista, caritativa, acomodada y admirada por todos.


A sangre fría consagró al autor como uno de los grandes escritores norteamericanos del siglo XX. Amén de demostrar que escritura y periodismo van de la mano. Desde mi humilde punto de vista, TC diseccionó del mismo modo que lo hiciera Proust en Los placeres y los días, la sociedad del momento. Si bien, en el caso que nos ocupa, la génesis no es el hedonismo de la misma, sino muy al contrario, el crimen. Cuando acabas la novela, con ese poso a crónica periodística intensa, sabes desde la marca de la ropa interior que llevaban las víctimas, hasta por qué Perry tomaba aspirinas o Dick tocaba la guitarra. Es, como ya he mencionado, un retrato psicológico profundo de todas y cada una de sus figuras.


En un principio, TC bautizó su obra con el nombre de Non fiction novel. Más tarde, con este nombre quedo acuñado el género literario en el que  a partir de un testimonio periodístico, se recrean hechos reales. El precursor del mismo fue el argentino Rodolfo Walsh con su Operación Masacre (1957), en la que profundiza en la trama oculta en los «fusilamientos de José León Suárez». A sangre fría es un libro estremecedor que, desde su publicación, se convirtió en un clásico que se ha llevado al cine en diversas ocasiones.

A sangre fría es la novela idónea para tener a mano y releer sus párrafos en cualquier momento; da lo mismo por donde la abras. Seguro que te deja helado o te sorprende la magnífica adjetivación del autor. TC demuestra que es capaz de explorar cualquier crimen, por perverso que sea, y describirlo con esa crueldad exquisita que a la mayoría de autores se nos escapa. Lo dicho, una obra maestra.

©Anna Genovés
27/12/2016




P.D. Amigos, gracias por visitar este espacio. ¡Feliz 2017! ¡Salud!En 2017 cambiaré de registro. Ya he comenzado Soy leyenda de Richard Matheson. ¡Alucinante!




Albert King - Born under a bad sign (subtitulado al español)




Erótika: reseña en El periódico de Aquí

He de decirlo: «Estoy emocionada». Es la primera vez que un medio de comunicación valenciano, habla sobre mi literatura.

Agradezco muchísimo la deferencia que ‘El periódico de Aquí’ ha tenido conmigo y os invito a echarle un vistazo a la reseña que me han hecho.

Podéis leerla completa desde el siguiente enlace:



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Extrato del relato ¿Quieres patinar? Del libro de relatos sexis Erótika

…“El patinador la estaba mirando. Agatha se puso roja como una cereza grana. El joven se percató y siguió el juego: le gustaba esa joven delicada que se movía como los cisnes.

–Lo siento. No sabía que todavía quedaba alguien en el club –dijo la joven algo tartamuda.
–Tranquila. Te he visto en más de una ocasión... ¿Cómo te llamas?
–Agatha.
–Bonito nombre para una doncella. Tengo unas horas libres... ¿Quieres patinar conmigo?
–Bueno... –contestó ella, cohibida.
–No te muevas –señaló el patinador con el dedo. Y agregó—: Voy a por los patines.

La muchacha no salía de su asombro.

El patinador la tomó por la cintura y la guió por la pista. Deslizó sus dúctiles manos por su brazo, después la subió al cielo mientras le sujetaba el talle. Al bajar sus labios galgos se rozaron en el aire. Una caricia sutil que tanteó sus corazones. Sus bocas se unieron y sus cuerpos vibraron, cortaron el aire que los movía a ritmo de un vals dulce.

Marcharon juntos a ducharse. Él enjabonó con mimo los hombros de la dama. La espuma resbaló por el cuerpo de esa Afrodita de mármol. Las manos masculinas esparcieron el jabón por su hechura como la nieve que cae del cielo; bolas de algodón etéreo que la mecieron. Unas convulsiones abdominales agitaron el cuerpo hermoso de la virgen.

El artista la sentó en un banco, la abrazó y secó sus pies con una dulzura infinita.

Más tarde, tomó sus dedos y los besó; los lamió despacio, uno a uno, como si fueran gajos de uva dulce que entraban y salían de su boca escarlata, jugosa.”...

Anna Genovés

Datos del libro
Formato: papel
Tapa blanda: 196 páginas
Editor: Createspace I. P. Platform; Edición: 1 (1 de octubre de 2016)
Idioma: Español
ISBN-10: 1539188752
ISBN-13: 978-1539188759
PVP: 7,12€

Formato: ebook
Digital: 196 páginas
Editor: KDP
Idioma: Español
ASIN: B01M2270Q9
PVP: 1,98€
P.D. ¡Ojo! Recuerda que es un libro de relatos para adultos y solo se visualiza si no tienes activado el control parental de los peques.

Book trailer de Erótika