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Un orujo por favor


Diluido en alcohol, el hombre mira a la mujer de enfrente…

Prietas sus carnes de abundancias generosas; labios voluptuosos y caderas generosas. No sabe que podría ser suya por bien poco. Es una mujer de esas que se venden a todos.

Empapado en orujo y whisky, la ve envuelta en terciopelos finos y cachemires de buen ver... cuando sus mallas, casi transparentes, las ha comprando en los chinos de todo a diez y su suéter en Saldos de segunda mano para ella y para él.

Su cabello, es dorado como el oro barato de un negro que garabatea un Picasso de la etapa de Isidre Nonell. Pero él lo ve hermoso, esponjoso y brillante; lavado con champú Kerastase y acicalado con Bylgari de Té. No sabe, el bueno del caballero, que aclaró su melena con gel marca blanca y que utilizó como perfume una colonia imitación a Chanel nº 6.

La cortesana es un arma de doble filo para hombres con presbicia y cabellos exiguos; ríe, picarona, y entre sus dientes asoman varios huecos. Él ni los ve. Sonrisa espléndida para una mujer de bien –piensa.

Y así, entre miradas y contoneos, salen cogidos del brazo y se van a un lugar secreto. Él piensa que están en una suite del Ritz, cuando es un cuartucho de alquiler.

La hembra va directa al grano, se desnuda entre sortilegios y engaños que el hombre transforma en sinuosas caricias y ternura por doquier.

¡Ay! Pero en el momento álgido del encuentro furtivo, la mujer gime de placer mientras el hombre, pistola en mano, tiene un gatillazo que lo deja fundido. Ella se consuela con un artilugio de látex. Él ni mira lo que hace. Y seguido, se toma otro orujo con miel.

La niñez, la juventud, la madurez y lo que viene después...


©Anna Genovés

2012

Un orujo por favor

by on 23:50:00
Un orujo por favor Diluido en alcohol, el hombre mira a la mujer de enfrente… Prietas sus carnes de abundancias gen...























Anna y Georges



Anna es una chica entusiasta que dirige una academia de arte plásticas en el corazón de Manhattan. Le gusta ir al teatro con su amigo George, un gay descarado y seductor al que ama porque sabe que la adora.


A George le gustaría ser idéntico a Anna, aunque con algunos matices. Su amiga es pelirroja, y él siempre quiso ser rubia. Ella lleva la talla noventa de sujetador y él querría llevar la ciento cinco.


Por lo demás, se conformaría con lo que tiene Anna: un negocio próspero, un husky siberiano, un loft de cuatrocientos metros con vistas a la Estatua de la Libertad y un novio que, para George, está como el queso azul, el preferido por su exquisito paladar.


George nació en Texas, en el seno de una familia de rudos ganaderos; por lo que siempre se sintió como un pececillo verde, sufriendo malos tratos y aislado de todos. Cuando cumplió la mayoría de edad, no pudo soportarlo más… Y, una noche, se escapó del rancho.


Pasó hambre, frío y una insoportable soledad. No le quedó más remedio que robar y prostituirse… Por fin, un veinticinco de diciembre, llegó a Manhattan y tropezó con Anna.


Desde entonces se hicieron inseparables. Desde entonces, la vida de ambos, cambió.



Ann@ Genovés


PD. MICRORRELATO Finalista en el “I Concurso de Microrrelatos de CLAVE”. Valencia 2011