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Tarde de Reyes

He salido a pasear en un escenario cargado de alegría; el aroma a felicidad traspiraba por las calles y las avenidas, pese a que la oscuridad de la tarde amenazara con cubrir las aceras repletas de familias cargadas de regalos y sonrisas a tutiplén.

Me he preguntado cómo una sociedad que desea el laicismo, era tan religiosamente creyente. Poco después, he caído en la cuenta de que no se trataba de creencias, sino de unas tradiciones amparadas por muchos siglos de existencia, y, quizá, de una economía algo menos apurada que anteriormente. Por suerte, la crisis se disipa, se nota en el ambiente.

Me he subido a ese carro repleto de júbilo que generaba la atmósfera. Los comercios cerrados, las calzadas con poco tráfico, aglomeraciones en las salidas de los restaurantes, colas en las pastelerías, contenedores de basura con montones de cajas de juguetes…

Los comercios de los chinos estaban abiertos, lo mismo que los fruterías de pakistaníes u otros establecimientos de dogmas opuestos; para ellos es un día como otro cualquiera. Me gusta esa mezcla de culturas que arrasa a esta Europa caduca y decadente.

Y, de repente, ¡zas! Como si fuera una caricatura marchita del jolgorio que me invadía, me he cruzado con varios ancianos, algunos sin techo y una silla de ruedas empujada por una madre resignada que veía el cuerpo enflaquecido de su hijo, con parálisis cerebral. Todos solos.

Un relámpago ha cruzado mi raciocinio… ¡Anna, que afortunada eres! He pensado. Sin embargo, unas palabras se han grabado en memoria para siempre: «Soledades parejas: ancianos, enfermos e indigentes. Pocos se les acercan por miedo al contagio».

Anna Genovés
06/01/2017

Tarde de Reyes

by on 16:16:00
Tarde de Reyes He salido a pasear en un escenario cargado de alegría; el aroma a felicidad traspiraba por las calles y las aveni...






Semáforo en verde

Hola amigos. Voy a contaros lo que me pasó ayer por la tarde. Vamos, ¡para troncharse!

El día había amanecido con el cielo enladrillado de un gris suave y la humedad estaba por las nubes. Después de comer, tenía que hacer varios encargos... Y allá que me pongo mi vestido color semáforo en verde y las sandalias de plataforma. En el bolso, llevaba unas cuantas fotografías de un trabajo que me habían encargado: lo cierto es que pesaba lo suyo.

Con el estómago todavía lleno, me fui a la peluquería para que me retocaran el flequillo: quería recortarlo de medio lado. En un plis-plas estaba hecho; me vi monísima con la melena suelta: más cálida que una toquilla de lana. Pero, ya lo dice el refrán: «Para presumir, hay que sufrir». Lo reconozco: soy muy presumida.

Siguiendo mi humectante periplo, en cuatro zancadas me planté en la parada del bus. Y, tras diez minutos de espera, llegó el ansiado 67 de la EMT con el aire acondicionado a toda pastilla. Iba casi vacío, así que pillé un buen asiento y me puse a wasapear hasta la plaza del Ayuntamiento. Saludé al edificio del cabildo: «Hola amigo. ¡Te veo rejuvenecido!» –le dije—. Época de cambios, pequeña –me indicó, caballeroso—. Tras un guiño de ojos seguí mi camino hasta Bershka; tenía que devolver una camiseta.

A continuación, fui al Corte Inglés para mirar un rato… La boca se me hizo agua y la billetera estaba sin guita. Mi cabeza barruntaba y mis anisas por comprarme algo aumentaban. Cuando salí del Centro Comercial, me di de bruces con un Pull&Bear. No lo pude remediar: entre y me compré un pingo de ocho pavos de los que lavas y se deshacen; pero es monísimo. ¿Qué haríamos las mujeres sin tiendas? Algo parecido a los hombres sin fútbol. Volvernos locas, ¿sí o no…? Depende. Todo depende… ¡Chicas! A veces, hay que darse algún que otro caprichito.

Entre pitos y flautas, anduve más que si hubiera corrido una maratón. Cada vez iba más cargada: el bolso se me antojaba un yunque y los zancos anclas. Parecía un barco a la deriva en el océano del asfalto; las construcciones eran ballenas. Los vehículos tiburones y los transeúntes, pirañas voraces. Cuando salí de entregar el trabajo con una carpeta llenísima de documentos e imágenes para el próximo artículo, iba empapada de un sudor pegajoso; algo así como si acabara de hacer una sauna turca. Y todavía me quedaba la vuelta.

¿Qué queréis que os diga...? Las temperaturas elevadas funden mis plomos. Es cierto: «La primavera, la sangre altera». Pero tengo una camiseta nueva y llevo el flequillo desfilado. No me importa ir como un pollito remojado. ¡Seré tonta! Por verme mona lo que haga falta. Cosas de mujeres...

©Anna Genovés
12 de junio de 2015





The Beatles Yellow Submarine (Subtitulado)



Semáforo en verde

by on 20:20:00
Semáforo en verde Hola amigos. Voy a contaros lo que me pasó ayer por la tarde. Vamos, ¡para troncharse! El día había...














El desierto de Atalanta


La carretera estaba oscura. Circulaba con mi Harley. Una hilera de árboles marcaba el camino a seguir. Las sombras estaban llenas de luciérnagas. Era extraño. En mi cabeza no dejaba de sonar  la canción de Aerosmith en Armageddon: "I Don't Want to Miss a Thing". Cuando Bruce Willis se despide de la Tierra. Me veía reflejada en aquel adiós; en mi última noche. El cielo me lo decía. Mi cuerpo lo acompañaba. Mis manos soltaban el volante. Allí, en el desierto que había bautizado con el nombre de Atalanta (en honor a la heroína griega cazadora), me despediría de todos: sería fácil. Deseaba que mi chopper volara sola. Las manos en la nuca, los codos abiertos. Los pies laxos, en los pedales y el rostro húmedo por el aire; sin casco, mirando el haz negro de la carretera. Todo daba igual. Pasé mis últimos días en Diwaniya, Irak. Era conductora de ambulancias del hospital de campaña. Estaba ebria de cuerpos tullidos. No existían cortinas ni catres. Una amalgama de carne ensangrentada se mecía con la muerte en un vals perpetuo. La compañía al completo estaba herida o triturada por las bombas. Ya no soportaba aquella guerra donde la muerte había traspasado la línea de la vida ante mis ojos. Mi masa encefálica se había convertido en crisol de horrores diarios. Las pupilas estaban dilatadas de tanto peyote. Mi organismo convulsionaba: era feliz. Ya no veía sangre. Ya no veía cuerpos desmembrados. Era uno más: uno de tantos.



©Anna Genovés
Todos los derechos reservados a su autora
Propiedad Intelectual
V - 488 - 14
Imagen tomadas de Google


Aerosmith - I Don't Want To Miss a Thing
(Subtitulado Español)



                        










De cilicios y botica


Un jubilado entra en la farmacia unos días antes de Semana Santa, con la hoja de la SS para que le dispenses los medicamentos indicados.

―¿Cuándo cerráis chata? ―le pregunta a la farmacéutica.

―Del viernes al lunes que son realmente los días de fiesta. Otra cosa es que El Corte Inglés habrá el domingo de Resurrección. ¡Que ya les vale! ―contesta ella con espavientos monacales.

―Bueno el CI abre siempre ―contesta el caballero.

Por dentro se desternilla y piensa si la muy honorable boticaria no llevará un cilicio bajo las faldas. Recuerda que un día la vio muy azucarada con un discapacitado: “claro, hay que ayudar al necesitado” ―piensa―. Sale directo hacia los lavabos del polideportivo municipal. Literalmente: se mea de risa.










De ahijados y padrinos

―Sí mamá, si. Ya sé que si formara parte de un partido político no estaría en el paro y hubiera publicado todas las novelas que están por los cajones.

―¡Y los premios hijo! ¡Y los premios!

―Eso también. Tendría página en Wikipedia y un montón de premios literarios de mi comunidad. ¡Sobre todo eso!

El hombre se ha pasado una semana entera hojeando los CV de los escritores punteros y, cómo dice él: “¡qué coincidencia!”. Fulanito de tal tiene todos los premios de Andalucía, y es andaluz. Menganita tiene acaparados todos los certámenes literarios de Galicia, y es gallega. El otro pavo tiene todos los galardones poéticos de la comunidad Catalana, y es barcelonés. Va a resultar que mi madre tiene razón: “si no tienes padrino, no te bautizas”. ¡Manda huevos! Seguramente que no me echaron suficiente Agua Bendita en el cogote. Voy a tener que rebautizarme ―termina por decir.


Anna Genovés
25/05/2014

Garbage - I Think I'm Paranoid
[Subtitulos Español]




                                                           




Loctite

Todas las noches sucede lo mismo… Mientras tú duermes, yo, insomne, escucho tus ronquidos. Soy un cigarro consumido, una colilla que pisas con los pies; la ristra de escupitajos que deja pulgarcito para poder volver. Y por eso no me amas y por eso no te sé querer, aunque tu semen recorra mi cuerpo y me azotes con tu excesiva lucidez.

El amor se ha esfumado por las ventanas opacas manchadas de Cristasol y los muebles impregnados de Loctite sin amor.

Todas las noches sucede lo mismo… Mientras tú duermes, yo, camino por la oscuridad. Soy un zombi buscando calor que ve las grietas del techo y el suelo sin color; tu cariño se esfuma entre escobas en desuso y mochos de algodón, aunque me folles como a una muñeca o me des una hostia con tus ojos de criptón.

El amor se ha esfumado por el retrete y el agujero inundado de mierda, se emboza aunque pongamos desatascador.

Todas las noches sucede lo mismo… Mientras tú duermes, yo, observo tu cuerpo de Homer Simpson y el mío de Cerdita Peggy. Recuerdo el principio, cuando éramos Bruce y Kim; jadeando con miradas, sin roces ni batidos caducados en el refrigerador o comida precalentada. Aunque eyacules sobre mis pechos cada mañana.

El amor se esfuma por el microondas oxidado, el jamón york que cenamos y el hedor de ventosidades putrefactas.

Todas las noches sucede lo mismo… Mientras tú duermes, yo, fustigo mi alma con palabras mudas y aprisiono mi mente con palabras vagas; aunque me lamas la entrepierna y después lo olvides, aunque te chupe la polla y después vomite, aunque miremos un porno para ponernos a tono. Nada es igual: existe el odio.

El amor se esfuma por las arrugas de tus ojos y las grietas de mis piernas, por tu cuerpo deforme y mis glúteos celulíticos.

Todas las noches sucede lo mismo… Mientras tú duermes, yo, voy al frigorífico. Veo que los alimentos se pudren, como nosotros mismos; sin embargo, la vida sigue... Los neones fluorescentes, las luces impertinentes, el asfalto negro, las calles intransitables y la delgadez de los perros. Perro, animal de compañía. Perra, yo, tu cuidadora fatídica.

El amor no existe: es un cuento de terror.



Anna Genovés
19/10/2012
Registro propiedad intelectual
V-1825-12



Loctite

by on 17:17:00
Loctite Todas las noches sucede lo mismo… Mientras tú duermes, yo, insomne, escucho tus ronquidos. Soy un cigarro consumid...