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La oreja en el suelo de James Hadley Chase

Biografía del autor

James Hadley Chase es uno de los seudónimos utilizados por el escritor inglés René Babrazon Raymond. Nació en Londres el 24 de diciembre de 1906. Falleció en Corseaux el 06 de febrero de 1985. Otros seudónimos: James L. Docherty, Ambrose Grant, y Raymond Marshall.

JHC era hijo de un coronel de la Armada Británica, cursó sus estudios en la King's School, en Rochester, Kent y más tarde en Calcuta. Dejó el hogar paterno a los 18 años y trabajó como librero, vendedor de enciclopedias y empresario literario antes de comenzar su carrera como escritor. En 1933 se casó con Sylvia Ray, con quien tuvo un hijo.


Durante la Segunda Guerra Mundial fue piloto de la Royal Air Force y editó el periódico de la RAF junto con David Langdon. Escribió principalmente novela negra; un prolífero autor que publicó casi un centenar de novelas.


Título: La oreja en el suelo
Título original: An Ear  tothe ground
Autor: James Hadley Chase
Primera edición: 1968
Editorial: Emecé
Traducción: Daniel Landes
Valoración: Muy recomendable

Sinopsis

Una banda de ladrones especializados en el robo de joyas llega a la costa de Florida con la intención de sustraer las alhajas de los multimillonarios que viven en la ciudad de Paradise City. Ignoran que se verán envueltos en la historia de un crimen pasional repleto de amargura, maldad, odio y celos, alrededor de una gargantilla de valor incalculable que posee la hija del magnate Sol Cohen: El collar Esmaldi.

Argumento y reseña

La oreja en el suelo parte de dos historias...

Por un lado, narra las artimañitas de una banda de ladrones de guante blanco cuya especialidad es el robo de joyas. En este caso, de los multimillonarios afincados en la ciudad ficticia Paradise City de Florida; todas ellas guardadas en las inexpugnables cajas de caudales Raysons Safe Corporation. Tan fiables como las bancarias porque cada una tiene dos resortes conectados directamente con la policía en caso de no ser desactivados. Los lugares de los mismos se eligen al azar para cada cliente. Solo el dueño, el instalador y el director de la empresa saben donde se encuentran. Del mismo modo, consta de distintos haces luminosos que saltan si no se desactivan al entrar en la habitación donde se encuentra la caja fuerte.

La banda está compuesta por cuatro miembros: el Sr. y la Sra. Shelley –nombre falso que utiliza dicha pareja sin parentesco alguno—. Henry Shelley, rozando la senectud, tiene la apariencia de un aristócrata de Kentucky con las piernas de cigüeña; un estafador nato que contacta con las personas adecuadas para llevar a cabo los robos. Martha Shelley, una oronda mujer de inteligencia superior: el cerebro de la operación. JHC es un fetichista de las mujeres obesas jefas de las bandas delictivas. Gilda, sobrina de la anterior; joven, hermosa, descocada y contorsionista: el cebo perfecto. Johnny Robins, atractivo, flemático y un pelín violento: experto en abrir cajas fuertes.


…“El Coronel Henry Shelley tenía aspecto de aristócrata de Kentucky, viejo y refinado, poseedor de muchas hectáreas y muchos caballos de carrera, que se pasan la vida en los hipódromos o sentados en sus porches coloniales mirando cómo trabajan sus fieles negritos. Era alto y esbelto con un montón de pelo blanco, un poco largo, bigote blanco y descuidado, piel de pergamino amarillo, ojos grises hundidos y astutos y nariz larga y aguileña. Llevaba traje blanco liviano, corbatín y camisa de encaje. Sus pantalones, ajustados, terminaban en blandas botas mejicanas. Mirándolo, Abe tuvo que sonreír de pura admiración: la actuación era impecable, sin defectos. Frente a él parecía estar un hombre culto y rico: un anciano refinado, mundano, bondadoso, que cualquier hogar distinguido tendría orgullo en recibir. 
El Coronel Henry Shelley —claro que no era ese su verdadero nombre— era uno de los estafadores más distinguidos y astutos del mundo. Quince de sus sesenta y ocho años los había pasado entre rejas. Ganó una fortuna y la perdió. La lista de sus víctimas equivalía a la Guía Social. Shelley era un artista, pero no era previsor. El dinero se le escurría como agua entre los dedos viejos y aristocráticos. 
—Tengo el tipo que andas buscando, Henry —le decía Abe—. Tardé en encontrarlo, y no fue fácil. Si no te satisface, la cosa se complica. No puedo conseguirte nadie mejor. 
Henry Shelley sacudió la ceniza de su cigarro en el cenicero de Abe. 
—Ya sabes lo que queremos, Abe. Si dices que está bien, supongo que será cierto. Dime algo de él. 
Abe suspiró.”…

La otra historia cuenta la vida de Harry Lewis: encargado de una de las tiendas del magnate Sol Cohen. Harry es un hombre atractivo de físico similar al de Gregory Peck que enamora a la hija del jefazo: Lisa Cohen; una dama poco seductora y con una nariz prominente. Sin apenas darse cuenta, Harry, se ve envuelto en las redes de esta joven caprichosa que lo atrapa como la mismísima viuda negra. Al poco tiempo, se desposan. Meses después, Harry descubre que Lisa es poco menos que ninfómana; se convierte en un hombre estrangulado entre su esposa y su nueva posición laboral: gerente de ventas de unas parcelas familiares, donde solo trabaja la secretaria. Lisa tiene un accidente hípico y queda paralítica; entonces se convierte en una mujer insoportable. Harry, también por casualidad, encuentra una amiguita de quien se enamora perdidamente.

Pese a ello, Harry nunca se divorciará de Lisa por su dinero y porque se apiada de esa dama infeliz pese tener todo el oro del mundo. Entre sus joyas se encuentra El collar Esmaldi. Una pieza única engarzada en oro blanco y diamantes que servirá para enlazar las dos historias de manera tan perfecta como las gemas del collar.

La prosa ágil, la descripción minuciosa, la adjetivación, los diálogos bien construidos y la originalidad inicial de La oreja en el suelo con es un plus que JHC utiliza para esconder ese periodismo de telón que tanto le agrada, te engancha desde la primera página. Es él mismo, un escritor saturado de éxito que se retira a una ciudad de famosos para retroalimentarse con historias nuevas, quien inicia la aventura. Allí conoce al verdadero narrador: Al Barney. Un ex nadador convertido en alcohólico que conoce a todo tipo de truhanes del mismo modo que sabe al dedillo la vida de los acaudalados. Por tanto hay un doble juego entre narradores en primera y tercera persona, como las matrioskas; uno cubre al otro.

Al Barney, que solo aparece en determinadas ocasiones para pedir otra jarra de cerveza y proseguir el relato, tiene un toque grotesco que te hace pensar en esos atletas de élite que acaban en la miseria una vez dejan el deporte. No pude evitar recordar el relato The Swimmer de John Cheever –publicado por primera vez en el The New Yorker en 1964—. Cuya temática, si bien poco tiene que ver con la presente, la recuerda en el hecho de contar las vidas de los millonarios. En el caso de JC al nadar de piscina en piscina. En el de JHC al sortear las joyas de unos y otros. Desde mi parecer, el título alude a los Pieles Rojas que ponían la oreja en el suelo para escuchar todo lo que sucedía y saber dónde estaba el enemigo. En La oreja en el suelo Al Barney escucha tanto como ellos.


…“Miró su reloj. Eran más de las ocho. Decidió ir al restaurante Saigón. No había almorzado, pero seguía sin sentir hambre. Era para hablar con Tania. Tenía que hablar con ella. 
Mientras se levantaba comprendió que podía verla abiertamente.
Nada de escaparse de noche. Nadie que lo vigilara. Dentro de unos días, legalizado el testamento, se libraría de los sirvientes, vendería la casa y buscaría algo más pequeño donde pudiera hacer vida de soltero. 
Cuando atravesaba el vestíbulo, apareció To—To. 
—Ceno afuera —Harry dijo con sequedad y bajó al garaje sin mirarlo. 
Dong Tho lo recibió con una gran reverencia y una expresión grave en su cara amarilla. Lo llevó a través del ruidoso restaurante hasta el cuarto privado. No dijo nada de Lisa, pero su conducta, sus reverencias, eran una forma de expresar pena y simpatía. 
—Quiero sopa y nada más —dijo Harry, sentándose a la mesa—. ¿Tania está aquí? 
—Se la enviaré, Mr. Lewis. 
Harry encendió un cigarrillo y miró sin ver por la ventana, sintiéndose cada vez más nervioso. 
Un camarero le trajo la sopa. Harry adivinó que Tania esperaría a que terminase de comer antes de venir al cuarto. Cuando acabó la sopa empujó el tazón a un lado y descansó, observando a los turistas en el muelle. 
La puerta se abrió y entró Tania. Llevaba una túnica blanca sobre pantalones negros. No se había maquillado y tenía ojeras oscuras. Cuando cerró la puerta no se movió. Se miraron y ella vino a sentarse frente a él. 
—Lo oí por la radio —dijo con suavidad—. Quería telefonearte, pero pensé que era mejor que no. Es una cosa terrible. Harry. 
Él asintió sin hablar.”…

La oreja en el suelo carece de violencia explícita. Algunos detalles de cómo sucede el asesinato y del trasfondo de diversas muertes, junto con la actuación policial en el último cuarto de la novela, la envuelven en ese halo de puro noir donde los personajes secundarios adquieren una solidez espontánea por momentos.

Por cierto, en la portada que he elegido aparece una joven hermosa con revólver; imagino que para atraer la curiosidad de los lectores amantes de las femme fatales. Puedo aseguraros que no existe ninguna mujer con arma de fuego en toda la novela, pero sí una TSR con distintas hembras. Curiosidad: "De los grande maestros del suspenso". Pese a no ser un error ortotipográfico, es una acepción de la palabra 'suspense', puede parecerlo.

Desde mi humilde opinión JHC es uno de los maestros dialoguistas de la novela negra y de misterio. Los diálogos son la parte más compleja de las historias porque para montarlos, el autor, debe acomodarse en las personalidades de los diferentes personajes que ha creado; de lo contrario pueden no ser creíbles. De igual modo, los diálogos invitan a seguir leyendo: son como una puerta abierta que te habla con distintas voces.

Billie Holiday - Love me or leave me (Sub Español)





El secuestro de Miss Blandish - James Hadley Chase

Título original: No Orchids for Miss Blandish
Editorial: Bruguera
Género: 
Novela negra
Páginas: 
224 páginas
Primera edición: 
1939
Valoración: Muy recomendable


Sinopsis

El secuestro de Miss Blandish recrea la acción delictiva de mediados de los 30 en la ciudad de Kansas City. Miss Blandish, una joven hermosa y virginal, hija de un multimillonario, es atracada por unos delincuentes con el único propósito de robarle las perlas que exhibe por su 21 aniversario: una verdadera joya de costo elevadísimo. La mala suerte hace que su novio muera en un accidente fortuito. Tras el fatídico suceso, deciden secuestrarla.



En la huída de los malhechores, les sorprende un gánster peligroso cuya pandilla está regentada por una mujer despiadada llamada Ma; madre de Slim Grisson: un criminal malicioso y de físico repulsivo. Los Grisson, deciden quedarse con el botín y la chica. Para más inri, Slim se encariña de Miss Blandish. Todos sabemos cómo actúan esos depravados sin ápice de humanidad...

A falta de pruebas, la policía deja en stand by el caso. No conforme con la resolución policial, Mr. Blandish contrata los servicios de un detective privado llamado Dave Fenner, con fama de tipo duro, para que encuentre a su hija.

…“Sonó un golpe suave en la puerta y Johnny asomó la cabeza. Tenía una expresión de desconcierto y su mandíbula inferior temblaba.
—Slim y su gente están abajo y os esperan —dijo—. Les he dicho que probablemente estabais dormidos. Bailey dejó de apuntar con su arma y se acercó a Riley. Ambos se miraron, muy asustados.
—¡Cristo! —Murmuró Bailey—. Ya te dije que Slim metería en esto sus narices.
—Es preciso que no encuentren ni la chica ni las perlas. —Riley abandonó la cama—. Baja y distráeles un poco. Diles que nos desprendimos de la chica antes de venir aquí. Observa cuántos son y estate atento a cualquier oportunidad. Si puedes, liquídalos. Bajaré en cuanto recupere mi pistola.
Bailey vaciló. Después, dominando sus nervios, salió de la habitación. Riley atrajo a Johnny hacia sí.
—Escucha, Johnny, quédate aquí y no dejes que esta chica grite.
—Se volvió en seguida hacia miss Blandish—: Escucha, nena, ahí abajo hay un hombre que te retorcería tu lindo cuello sin casi advertirlo. Slim no es un ser humano... Si quieres salvar tu pellejo, cierra esa boca y no la abras para nada. Miss Blandish pudo ver el blanco círculo del miedo en torno a la boca de Riley cuando éste abrió la habitación.”…


Sobre la novela

Es una obra magna no solo por su contenido, sino por los sentimientos de repulsa y admiración que ha suscitado a lo largo del tiempo.

El secuestro de Miss Blandish se publicó por primera vez en 1939 bajo el nombre de No hay orquídeas para Miss Blandish. –Deduzco que por el ramillete de orquídeas que regalan los pretendientes a las novias en los eventos señalados—.  Cuatro años más tarde, triunfó en los teatros londinenses. Sufrió diversas censuras en la década de los 40. La nueva versión acababa con un romance sórdido entre el gánster y la víctima. En 1948 se recuperó parte de la versión original y fue llevada al cine. No obstante, la Cámara de los Lores pide una nueva revisión por la excesiva violencia que aparece en la cinta. Textualmente se dijo que era: La exposición más asquerosa de brutalidad, perversión, sexo y sadismo mostrada en una pantalla de cine.




Tras soportar nuevos recortes, fue muy exitosa en los cines que se atrevieron a pasarla; que no fueron todos. En 2006, la BBFC, vuelve a examinarla. Resuelve que no es necesaria tanta violencia. No se recomienda su visionado a menores.

…“Slim Grisson examinaba las brillantes punteras de sus zapatos. Era alto, delgado y con cara de pastel. La mirada aletargada y la boca relajada y abierta le daban una apariencia de ser débil, sin sangre ni energía, pero en realidad era lo más frío que pudiera encontrarse sobre dos piernas. Tras aquella máscara de idiota y las escasas carnes del delgado cuerpo, se ocultaba un espíritu cruel, inhumano.
Slim Grisson era un asesino nato. Había matado de niño. Sin motivo alguno, sólo porque matar estaba en su sangre. Comenzó muy pronto, buscando dinero. Siempre fue muy perezoso en la escuela y rechazó todo lo que fuera interés por los libros. El viejo maestro que le tuvo a su cargo se sentía nervioso ante él. Comprendió en seguida que Slim era naturalmente malo. No le sorprendió encontrarle un día cortando en pedazos con unas tijeras a un gatito recién nacido. Se sintió muy satisfecho cuando pudo desembarazarse del muchacho. Pero la cosa no le resultó tan fácil. Una de sus discípulas fue hallada muy lejos de su casa y en completa desorientación una semana después de que Slim abandonara la escuela. Había sido arrastrada hasta allí y nombró a Slim. Nunca encontraron a éste, porque Ma Grisson había cuidado de que su hijo abandonara la ciudad. ”…

En 1970, Roger Croman dirigió el film Bloody Mama, tomando como base la banda de forajidos capitaneada por Ma Barker en la que JH basó su controvertida novela. Shelley Winter, entrada en carnes, protagonizó a esa espantosa Ma; un jovencísimo Robert de Niro apareció en la película metido en la piel de unos de sus hijos. En 1971, Robert Aldrich inmortalizó la novela con la película La banda de los Grisson. Protagonizada por Kim Darby, Tony Musante y Scott Wilson entre otros actores...

Reseña

El secuestro de Miss Blandish es una sucesión de violencia desde la primera hasta la última página: una novela muy, pero que muy negra. Sin indulgencias de ningún tipo. Un verdadero puñetazo en la boca del estómago del lector. Amén de tener unos personajes tan bien dibujados y con esas perversiones tan ocultas e inhumanas a flor de piel, que pueden llegar a sobrecogerte.

Slim Grisson es uno de los antihéroes más sanguinarios que he localizado: brutal y gélido. Miss Blandish, bella e inocente, se convierte en el juguete preferido de este psicópata y sus enfermizas perversiones. El gusano que echa a perder la manzana; desarma el inquebrantable valor de Miss Blandish hasta arrástrala al mismísimo infierno.

…“Con voz tenue, miss Blandish dijo que quería beber algo.
—No se acercará usted hasta que beba, ¿verdad? —murmuró—. No podría soportarlo sin beber. Slim no contestó nada, pero sacó una petaca de licor de su bolsillo trasero y la arrojó sobre la cama. La joven siguió con la vista el vuelo del frasco a través de la habitación. Se dejó caer sobre la cama y tomó el frasco. Slim la observaba. Se escuchaban sus característicos gemidos, pero era algo que no podía contener. Miss Blandish apartó su vista de Slim. Agarró el frasco con ambas manos, con tanta fuerza que los nudillos se pusieron blancos. Comenzó a murmurar cosas a Slim y a balancearse hacia atrás y adelante, pues su espíritu, aletargado por la droga, se negaba a despertarse.
—Cobarde... —dijo—. Cobarde..., más que cobarde... ¿Por qué te quedas ahí... sin hacer nada? ¿Por qué no apagas la luz para que no te vea? No quiero verte... No te miro, pero te veo... Vas a echarte sobre mí. Desearía ser hombre... ¿Por qué no nací hombre?... —Dejó caer el frasco al suelo y el whisky empapó la alfombra. Estaba tendida en la cama de costado, ocultando la cabeza bajo sus brazos cruzados. Comenzó a llorar débilmente—. ¿No puede dejarme en paz?... ¿No puede esperar un poco más?... No me toque... Por favor, no me toque... La bombilla desnuda que colgaba del techo se apagó bruscamente. La oscuridad envolvió a miss Blandish como un manto sedante. De pronto, la joven sintió que aquellas manos frías la ponían de espaldas, en forma que quedó tendida a través de la cama, con la cabeza sobresaliendo por uno de los lados. Miró en la oscuridad, nublada la vista y con las lágrimas corriendo por sus mejillas. De pronto, el aire cálido de la habitación se precipitó sobre su cuerpo; un peso cruel y poderoso la clavó a las arrugadas sábanas. Su resistencia había desaparecido, hundida en la espesa nube que envolvía su cerebro. Repentinamente, con voz tenue y acento de pánico, murmuró: —¡Me hace daño!... ¿No comprende?... Me hace... daño... ”…

Por otro lado, las femmes fatales más admiradas, son damiselas al lado Ma: la madre de Slim. Una mujer despiadada capaz de torturar, física y mentalmente, a Miss Blandish para que Slim se explaye  con ella. Y lo hace durante cuatro largos meses; demasiado tiempo como para olvidarlo una vez liberada. Ma no es la única malvada, también las hay guapas. Si bien, su calaña, no es tan monstruosa.




El secuestro de Miss Blandish posee unos diálogos trepidantes con una jerga propia del hampa, que invitan a seguir leyendo. Un cóctel molotov de atracadores, secuestros, sádicos, actividades clandestinas, criminales atroces, jóvenes bonitas, policías, detectives y mujeres fatales armadas con algo más que tacones de aguja.

Hasta el último tercio del libro no aparece el detective privado que dará con el quid de la cuestión: Dave Fenner; un antiguo periodista reconvertido en investigador. Quizá el inicio de un periodismo de telón moviendo los hilos. En El secuestro de Miss Blandish, solo existe el recuerdo del amanuense. Por de contra, las maneras rudas y un tanto extensas de escrúpulos cuando trata con la chusma, y, la caballerosidad, valentía y persistencia de Fenner en las relaciones con personas decentes, encaja con los tipos duros de los noir de antaño.

…“—¡Sal de ahí! Sabemos que estás dentro. Sal con los brazos en alto. Fenner hizo una mueca. "Y recibiré un puñado de balas por la molestia", se dijo. Esperó inmóvil. Comprendió que Grisson y sus socios no se atrevían a entrar y terminar su tarea. Comenzó a sentirse mejor con esta idea. Al fin y al cabo, aquellos tipos eran unos cobardes, y si él se mantenía sereno, había todavía posibilidades. Palpó detrás suyo y su mano tocó el mango de un hacha. Se quitó el sombrero, lo puso en el extremo del mango y lo movió convulsivamente antes de desprenderse destrozado por una granizada de balas. "Menos mal que no estaba mi cabeza dentro", se dijo Fenner.
—¡Eh, canalla, sal de ahí, si no quieres que te acribillemos! —gritó alguien. Fenner continuó tan mudo como un cadáver. De pronto oyó que alguien se reía fuera. Se puso tenso.
Algo se hallaba en puertas. Agarró el borde del tanque y arrimó éste a la pared, de modo que quedara bien protegido. Oyó que algo golpeaba el suelo y pudo ver que un objeto menudo y redondo tocaba el suelo cerca de Johnny. Se dijo que parecía una piña y, al mismo tiempo, la granada estalló.
Fenner creyó que su cabeza se desgarraba con aquel espantoso estrépito; la presión del aire le empujó contra la pared como a un muñeco. Durante una fracción de segundo, su cerebro se despejó. Vio las cosas con claridad. Vio el tejado de la cabaña y las sucias paredes de la habitación. Después, todo comenzó a desintegrarse. El tejado comenzó a hundirse y toda la estructura se vino abajo sobre él. ”…



Mucho se ha dicho de esta novela, sobre todo en lo concerniente a la brutalidad de la misma.  Sin embargo, se ha reeditado más veces que una prolífera camadas de lechones. ¿Será que los humanos llevamos implícito en nuestra cadena de ADN ese gen maniaco y perverso que trasciende en la novela? La respuesta es obvia: somos depredadores.

Anna Genovés
29/05/2016

Marilyn Manson - Tainted Love Subtitulado Español







El fruto prohibido - James Hadley Chase


Título original: You find him - I'll fix him
Editorial: RBA
Género: Novela negra
Traductor: Ramón de España
Páginas: 256 páginas
Publicación: 1956
Valoración: Muy recomendable


Sinopsis

Ed Dawson lleva una apacible vida en Roma como corresponsal de un periódico neoyorquino propiedad de Sherwin Chalmers, un multimillonario apasionado por el trabajo y las mujeres hermosas. La vida del periodista se complica cuando tiene que ejercer de niñera de, Helen: la hija del magnate; una estudiante de arquitectura que va a trasladarse a la capital italiana. Esta nueva ocupación no es excesivamente compleja hasta que aparece el cadáver de una joven. Dawson se ve envuelto en una turbia historia que lo arrastra al mundo de la mafia como sospechoso principal de un hipotético asesinato. 




Reseña

Pese a que el título en español pueda inducir al lector a que tiene entre manos un libro con base erótica explícita, El fruto prohibido es una novela negra de los pies a la cabeza; de las que actualmente se escriben pocas. Desde el inicio, los textos se transforman en una gran sala de cine. Sobre todo, por el magnífico retrato psicológico de sus personajes. Las descripciones son tan minuciosas que te hacen sentir como un intérprete más de esa historia sin altos ni bajos hasta que irrumpe un cisma enloquecedor.

La trama se desarrolla en un tórrido verano romano que introduce un clima de pura insinuación. Helen se presenta como una jovencita retraída y poco atractiva que el periodista olvida por completo. Sin embargo, cuando la ve en una fiesta, transformada de lleno, el asunto cambia por completo. Pese a que sale ileso de las múltiples sugerencias de Helen, al final cae en sus redes...

Se quedó mirándome. La invitación que podía leerse en sus ojos me aceleró el corazón. Se inclinó hacia mí, entreabriendo sus labios carnosos y rojos. Antes de saber lo que estaba haciendo, ya la tenía en mis brazos y la estaba besando.”...

Esto es todo lo que sucede en esa relación vedada. –De aquí que RBA deseara tentar al público con la traducción del título original que vendría a significar: Lo encuentro, y lo arreglaré. El fruto prohibido es una comparativa provocativa y metafórica de la manzana pecaminosa que mordió Adán incitado por Eva—. No obstante, la pareja hace planes para residir en una villa marítima del país. Cuando el obnubilado periodista llega al palacete, en vez de encontrar a Helen esperándolo, descubre su cadáver despeñado por un acantilado;  en lo que puede ser un accidente fortuito, un suicidio o, quizá, un homicidio. El miedo bicéfalo e irracional de Dawson a parecer un asesino y, a la vez, de haber pecado, hacen que huya e intente eliminar todas las pruebas que puedan incriminarle.

Días después, la policía da por cerrado el caso como un desafortunado accidente. No obstante, su jefe le pide que prosiga la investigación; desde su punto de vista puede tratarse de un asesinato –Helen estaba embarazada—. Por su parte, los carabinieri revisan el sumario. Dawson pasa de ser un periodista a ser el detective privado que aparece como sospechoso principal. Para probar su inocencia tendrá que llegar hasta el fondo del asunto.



En poco tiempo, Dawson se verá inculpado por asesinato, encañonado por un revólver, noqueado por un gánster y en medio de un tumultuoso clan dedicado al contrabando de drogas. Fruto prohibido posee una mezcla de suspense contenido y acción puntual escalofriante que mantiene al lector en la mira telescópica de todas y cada una de sus páginas...

Hubo seis segundos de espera; luego la puerta se abrió cautelosamente. Vislumbré el rostro fofo y sin afeitar de Sarti antes de que pudiera cerrar de golpe la puerta.
Carlo estaba listo para este movimiento. Levantó la rodilla y golpeó el panel de la puerta contra Sarti que emitió un pequeño gruñido de temor y de dolor. Quedó sentado en el piso del hall. Carlo entró, me dejó pasar, luego con un puntapié cerró la puerta.
Se adelantó y tomó a Sarti por el cuello. La corbata se ajustó en derredor del grueso cuello de Sarti y su rostro se volvió púrpura. Éste golpeó a Carlo débilmente en la cara; su pequeña mano regordeta hacía la misma impresión a Carlo de lo que haría un martillo de goma en un pedazo de roca.
De pronto Carlo aflojó la corbata y le dio un violento empellón a Sarti. Éste fue retrocediendo a través de una puerta hasta una pequeña habitación. Chocó contra una mesa tendida para comer, y él y la mesa dieron contra el piso.
Yo permanecía a un lado, observando.
Carlo recorrió la habitación, con las manos en los bolsillos del pantalón, silbando despacio.
Sarti estaba sentado frente a los restos de su almuerzo, la cara del color del queso Camembert maduro, los ojos sanguinolentos desorbitados.
Carlo se dirigió a la ventana y se sentó en el antepecho. Sonrió a Sarti.
—Escucha, gordito. Este tipo es amigo mío —me señaló con el pulgar— si alguien va a perseguirlo, seré yo. No te lo advertiré una segunda vez. ¿Has comprendido?
Sarti asintió con la cabeza. Se chupó los labios, trató de decir algo pero no pudo articular palabra.”...

Me agradó tanto que ya he leído El secuestro de Miss. Blandish. Mucho más intensa. En ambas, existen ciertas similitudes; quizá la firma del autor: las mujeres hermosas siempre son problemáticas y el periodismo de telón es un hilo conductor magnífico para desarrollar una novela negra. Desde mi humilde punto de vista, a James Handey le gustaba retratar a las femmes fatales como si fueran caperucitas y a los lobos como si fueran verdaderos Aliens devoradores.

©Anna Genovés
21/05/2016

The Asteroids Galaxy Tour - The Golden Age



1280 almas de Jim Thompson


Idioma original: español
Título original: Pop. 1280
Año de publicación: 1964
Traducción: Antonio Prometeo Moya
Valoración: muy recomendable
Dibujos: Jordi Bernet
Portada: Xis 


Sinopsis
El título de 1280 almas alude al número de habitantes de la pequeña población de Pottsville; una localidad ficticia de USA donde se acercan las elecciones y el sheriff Nick Corey duda de su reelección. En primera instancia, Corey aparece como un hombre apático y simple. Sin embargo, a medida que se desarrolla la trama: descubres que no tiene escrúpulos. Es un ser ambicioso y corrupto que no duda en asesinar a quien se tercie si con ello obtiene su fin. En el marco familiar es donde muestra su cara más aterradora. La novela presenta un protagonista/narrador que no se inmuta lo más mínimo por sus actos, sino que llega a pensar que tiene que limpiar Pottsville de la escoria que la habita.


Reseña
Considerada como una de las mejores obras del autor, es una novela dura, cuyo realismo muestra su rostro más cruento. Nadie mejor que JT para retratar el lumpen social adentrándose en la psicología de sus personajes; de sus porqués más íntimos. 1280 almas demuestra que el sueño americano, como el de cualquier hijo de vecino, por lo general, es una pesadilla.

El sheriff Corey, para más inri, vive con su esposa y su cuñado, un discapacitado psíquico del que se mofa y al que utiliza, en el Palacio de Justicia. Su esposa, mujer feocia, desagradable y manipuladora, lo llevó al altar empleando artimañas deshonestas. Obviamente, le viene al pelo. Es como decir: «Quien a hierro mata, a hierro muere». Algo que no le importa demasiado porque alardea de superávit sexual. Se considera un macho con el arma preparada en cualquier situación; orgulloso de gustar a las mujeres.



No puedo hablar en profundidad de JT porque no conozco su obra en demasía. Pero el trato que nos da a las féminas en 1280 almas denota; que no nos aprecia mucho. Quizás esta forma de retratarnos esté relacionada con su etapa de vendedor a puerta fría; las amas de casa podemos ser verdaderas arpías con ellos. No es una novela femenina, pero tampoco, es que yo, escriba ficción para mujeres. No me han asustado sus salidas de tono. Más bien he analizado aquellas partes en las que reflexiona sobre la vida y el comportamiento humano...

…“—Encantado de conocerle, George —asentí—, y puede seguir llamándome Nick.
—Gracias, Nick —tomó otro trago de whisky—. Bueno, eso es lo que iba a preguntarle, Nick, algo que me preocupa mucho. ¿Puede disculparnos el hecho de que no podamos hacer otra cosa?
—Bueno —dije—, ¿disculpa usted a un poste por encajar en un hoyo? Es posible que haya una madriguera de conejos en el hoyo y que el poste los aplaste. Pero, ¿es culpa del poste el que entre en un agujero hecho para que encaje?
—No es un ejemplo muy exacto, Nick. Usted habla de objetos inanimados.
—¿Usted cree? —dije—. ¿No somos todos relativamente inanimados, George? ¿De cuanta libertad disponemos? Se nos controla por todas partes, nuestra estructura física, nuestra estructura mental, nuestro pasado; se nos moldea a todos en su sentido concreto, se nos determina para desempeñar cierto papel en la vida y, George, lo mejor es jugarlo, llenar el agujero o como mierda quiera usted decirlo, porque si no se derrumbarán los cielos y se nos caerán encima. Lo mejor es hacer lo que hacemos, porque si no, ocurrirá que nos lo harán a nosotros.
—¿Quiere decir usted que es cuestión de matar o ser muertos? —Barnes sacudió la cabeza—. Detesto pensar en eso, Nick.
—Puede que no me refiera a eso —dije—. Puede que no esté seguro De lo que quiero decir. Creo que me refiero principalmente a que no puede haber infierno personal, porque no hay pecados individuales. Todos son colectivos, George, todos compartimos los de los demás y los demás comparten los nuestros. O quizá, George, quiera decir que yo soy el Salvador, el Cristo en la Cruz que ha bajado a Pottsville porque Dios sabe que aquí me necesitan, y que voy por el mundo haciendo buenas obras para que la gente sepa que no tiene nada que temer, porque si se preocupan por el infierno no tendrán necesidad de buscarlo, Santo Dios, esto parece sensato, ¿no, George? Quiero decir que el deber no corre totalmente a cargo del individuo que lo acepta, tampoco la responsabilidad. Quiero decir que, bueno, George, ¿qué es peor? ¿El tipo que hace saltar una cerradura o el que llama al timbre? George echó atrás la cabeza y se echó a reír.
—¡Es asombroso, Nick! ¡Para morirse de risa¡ —Bueno, no es del todo original —dije—. Como dice el poema, no se puede culpar al cántaro de la torcedura que causó el desliz de la mano del alfarero. Así que dígame quien es peor, si el que jode la cerradura o el que llama al timbre, y yo le diré qué quedó torcido y quien hizo la torcedura.
—Pero... ¿y si es la misma persona quien hace ambas cosas?
—No es probable —dije—. Como tipo que tiene que asistir a muchas fiestas de órgano, y que me cuelguen si no me parece vivir en un paraíso de mentiras de vez en cuando, puedo decir que esos pequeños quehaceres se encuentran generalmente repartidos. Pero si no fuera éste el caso, George, entonces hemos establecido otro campo de obligaciones y responsabilidades. Porque el tipo tiene que comer para forzar la cerradura, ¿no? ¿Y de donde sale la comida? ”...



XXIII
…“Me enderecé y me dirigí a la casa. Pero nada más dar el primer paso tropecé con una raíz y me di tal porrazo que quedé sin aliento. Durante un par de minutos me falto aire para quejarme, y cuando finalmente me las apañé para ponerme en pie no podía ir muy rápido. Así que tardé tal vez unos cinco minutos largos en llegar a la casa y en encontrar una ventana desde donde ver y oír. 
Pues señor, la cosa resultó muy graciosa, graciosísima, terriblemente graciosa. Porque lo que llamó mi atención no fue lo que sin duda habrás supuesto ya. Ni Rose asustada y aturdida, preguntándose qué coño habría salido mal. Ni Lennie y Myra sonrientes, rencorosos y divertidos. Ni nada que hubiera en la habitación, sino la nada precisamente. El vacío. La ausencia de objetos. Yo había estado en aquella casa cientos de veces, cientos de veces en aquella casa y en otras cien como ella. Pero aquélla fue la primera vez que vi lo que eran todas en realidad. Ni hogares, ni habitaciones humanas, ni nada. Sólo paredes de pino que encerraban el vacío. Sin cuadros, sin libros, sin nada que pudiera mirarse o sobre lo que reflexionar. Solo el vacío que me estaba calando en aquel lugar. De pronto dejó de existir en aquel punto concreto y se aposentó en todas partes, en todos los lugares como aquel. Y, súbitamente, el vacío se lleno de sonidos y volúmenes, de todos los sucesos implacables que los individuos habían conjurado en el vacío. Niñas indefensas que gritaban cuando sus propios padres se metían en la cama con ellas. Hombres que maltrataban a sus mujeres, mujeres que suplicaban piedad. Niños que se meaban en la cama de miedo y angustia, y madres que los castigaban dándoles a comer pimienta roja. Caras ojerosas, pálidas a causa de los parásitos intestinales, manchadas a causa del escorbuto. El hambre, la insatisfacción continua, las deudas que traen siempre los plazos. El cómo-comeremos, el cómo-dormiremos, el cómo-nos-taparemos-el-roñoso-culo. El tipo de ideas que persiguen y acosan cuando no se tiene más que eso y cuando se está mucho mejor muerto. Porque es el vacío el que piensa, y uno se encuentra ya muerto interiormente; y lo único que se hace es propagar el hedor y el hastío, las lagrimas, los gemidos, la tortura, el hambre, la vergüenza de la propia mortalidad. El propio vacío. Me estremecí y pensé en lo maravilloso que había sido nuestro Creador al crear algo tan repugnante y nauseabundo, tanto que cuando se comparaba con un asesinato éste resultaba mucho mejor. Sí, verdaderamente había sido una obra magna la suya, magnífica y misericordiosa.  ”...


Desde mi humilde punto de vista, El sheriff Nick Corey recoge un fragmento, bueno o malo, de cada alma que vive en Pottsville; de ahí su facultad camaleónica y su ambivalencia entre el bien y el mal en una sola persona: él mismo. No podemos pasar por alto que Pottsville es una localidad en la que nunca sucede nada, a menos que estudies con atención a sus habitantes: extremadamente xenófobos. Una inyección opiácea brutal que te incita a seguir leyendo: engancha.


©Anna Genovés

16/04/2016
Imágenes tomadas de la red

«Hay treinta y dos formas de escribir una historia y yo las he usado todas, pero sólo hay una trama: las cosas no son lo que parecen».

Jim Thompson

Nick Cave & The Bad Seeds - Red Right Hand