Metamorfia

Me contaron que en un ecosistema avanzado hacían experimentos con seres vivos. Puro estudio sobre la adaptación al medio.

Incrédulo busqué información en Internet hasta dar con numerosas revistas científicas e incluso tesinas sobre el mismo y, por supuesto, una magnífica Web. En ella estaban los datos necesarios para conocerlos. De inmediato, me puse en contacto con ellos vía email. Me parecía poco profesional enviarles un WhatsApp sin conocerlos.

Fueron tan amables que me invitaron a visitarlos pasados unos días. ¿Cómo iba a rechazar una proposición tan sugestiva? Reservé un billete en la primera lanzadera que partía hacia la cara oculta de la Luna donde se encontraba la primera base terrícola y esa urbe tan singular llamada Metamorfia.

Cuando llegué, descubrí que la cúpula de Metamorfia era la más nítida del universo y sus edificios los más impolutos; de titanio inmaculado, vanos trasparentes y helipuertos en diversas plantas. Sin embargo, en los laboratorios comprendí que la metrópolis era la extensión más avanzada de la Tierra.

Sus ensayos –pruebas genéticas entre diferentes especies vivas—, habían conseguido híbridos de todas las familias: peces con plumas, plantas con escamas, hombres con tres extremidades, insectos con piel nívea... Solo un animal se negaba a mutar: el águila. Por más que le cortaban las alas quirúrgicamente y la lanzaran al lago artificial con el fondo marino más hermoso jamás concebido.

Al principio, la reina de los cielos, nadaba e incluso buceaba como hembra o macho alfa, seguida por todos los habitantes de las aguas; incluso los escualos más voraces la adoraban y se comunicaba con ella. Sus plumas adquirían una apariencia membranosa que alimentaba la esperanza de los eruditos del proyecto. Pero, de repente, el aguirena –así quería bautizar a esta nueva especie— alzaba sus ojos agudos y brillantes hacia la bóveda celeste, y meditaba unos minutos o quizá unos días. Después, lloraba.

Acto seguido, dejaba de nadar. A continuación, ni comía ni bebía hasta morir. Su cuerpo flotaba sobre la capa acuosa trasladado por los entes marinos como en una procesión macabra. Todos lamentaban su pérdida. Su valentía.

En las necropsias, los científicos dictaminan que la muerte se debía al suicidio provocado por la inadaptación al medio; trastorno crónico de ansiedad generalizada.

¡Qué tontos! Pensaba yo -cuyo intelecto cibernético de MENTIS-3003 podía comunicarse con las aves- al leer los datos concluyentes del análisis. No saben que las águilas pueden adaptarse a cualquier situación por adversa que sea: supervivientes natas. Sin embargo, no desean vivir en el agua u en otro ambiente distinto al cielo donde pueden desplegar sus alas y volar soberanas; saben que libertad es lo más hermoso de la vida.

©Anna Genovés
1 de diciembre de 2018



Metamorfia

by on 14:14:00
Metamorfia Me contaron que en un ecosistema avanzado hacían experimentos con seres vivos. Puro estudio sobre la adaptación al ...



James Ellroy: la mente retorcida de un esteta de las letras

Rasgos generales y fundamentales de James Ellroy

El escritor James Ellroy, cuyo verdadero nombre es Lee Earle Ellroy, nació el 4 de marzo de 1948 en Los Ángeles. Está considerado uno de los mejores autores de novela negra contemporánea.
Un hombre modelado a fuerza de golpes pues tuvo niñez marcada por tres hechos que lo han señalado de por vida:

1.         El divorcio de sus padres.
2.         La violación y asesinato de su madre; un caso sin resolver.
3.         La lectura de The Badge de Jack Webb –libro que incluye los archivos del Departamento de Policía de Los Ángeles— que le regaló su padre.

El estilo del prosista es telegráfico pues omite palabras que habitualmente son imprescindibles para otros autores; hecho que implica la formación de frases duras, cortantes y ambiguas.
Por otro lado, es un enamorado de la repetición de palabras con esa paranomasia rítmica que seduce al lector.

Se le considera la progresión directa de la novela policiaca que iniciaron Dashiell Hammett y Raymond Chandler y forma parte de la última hornada de escritores de novela negra norteamericana junto a James B. Sallis, Walter Mosley, Elmore Leonard, James Crumley y Ed McBain.


Obras

Brown's Requiem, 1981
Clandestine, 1982
Killer on the road Road (El asesino de la carretera), originalmente publicada como Silent Terror, 1986




Every of my books is written from the viewpoint of cops, with the exception of my book Killer of the road, which is written from the viewpoint of the serial killer.

Todos mis libros están escritos desde el punto de vista de los policías, con la excepción de mi libro Killer of the road, que está escrito desde el punto de vista del asesino en serie.




Trilogía de Lloyd Hopkins
Blood on the Moon, 1984
Because the Night, 1984
Suicide Hill, 1985
L.A. Noir
The Black Dahlia, 1987
The Big Nowhere, 1988
L.A. Confidential, 1990
White Jazz, 1992
American Tabloid, 1995
The Cold Six Thousand, 2001
Blood's a Rover, 2009
Perfidia, 2014
This Storm


Novelas cortas

Dick Contino's Blues, nº 46 de la revista Granta, 1994, no publicada en español.
Hollywood Nocturnes, 1994
Crime Wave, 1999
Destination: Morgue! 2004
Loco por Donna, 2005
Shakedown, 2012, no publicada en español.


Autobiografías

My Dark Places, 1996
The Hilliker Curse: My Pursuit of Women, 2010
Aunque se le conoce, sobre todo, por la adaptación cinematográfica de L.A. Confidential, varias de sus novelas se han llevado a la pantalla grande. No es el caso de Killer on the road, que tan solo tiene un corto en el que el autor interviene de manera simbólica y que podéis visionar al final de esta entrada.


Talking Heads - Psycho Killer Lyrics / Subtitulada en Español




Killer on the road: Sinopsis y reseña

La lectura de Killer on the road no me ha dejado indiferente. Máxime después de estudiar diversos apuntes sobre sus vivencias y esa aureola, digamos, extraña, que le rodea.

La sinopsis de Killer on the road Road se puede resumir en pocas palabras: asesino en serie cuyos homicidios se esparcen por varios condados de USA y cuya evolución avanza de los robos en domicilios hasta los asesinatos más cruentos; pertrechados desde su rulot o como el mismo la llama: su ‘muertemóvil’.

Killer on the road está escrita en primera persona. Es el propio asesino, Martin Plunkett, quien narra los sucesos de manera realista y abrupta; un hacha que sesga la vida de quien se le antoja sin ápice de remordimiento ya que asesina por placer. Un esquizofrénico que sigue a rajatabla las palabras balbucientes de sus compañeros de carretera: Sombra Sigilosa y Lucretia. Héroe y partenaire de sus cómics preferidos.

Así pues, Killer on the road Road, es la autobiografía de un asesino en serie que narra con pelos y señales sus atroces homicidios mientras cumple condena en la mítica prisión de Sing Sing.

Como en toda historia de causa/efecto, el fuste que sustenta las acciones de Martin Plunkett killer está oculto en su pasado y tiene el peso suficiente como para que el lector tenga piedad de ese espíritu torturado por una infancia adversa que incluye el suicidio materno. Nunca debemos permitirnos ese lujo porque él nunca tendrá piedad de nosotros.

Llegado este punto, es imprescindible mencionar el paralelismo evidente entre la vida de Martin Plunkett y la de James Ellroy. Quizá hablamos de un As en la manga del propio autor… O quizá, en parte, es la confesión de su propia historia. ¿Quién sabe? Es difícil que un escritor no hable de sus vivencias deliberada o involuntariamente. Otra coincidencia… Martin Plunkett también nació en Los Ángeles unos años después que el literato.




Cuando empecé a leer Killer on the road me parecía imposible que fuera el mismo autor de L.A. Confidential quien la había escrito. El estilo de la primera es tan impuro como detallista la segunda.
Killer on the road se adentra en la mente de un asesino psicópata hasta el punto de arrastrarte por los recovecos más oscuros de su enfermiza voluntad; Martin Plunkett es un homosexual egocéntrico, escondido en su propio armario, y dotado de una mente perversa y privilegiada que se desnuda ante el público desde la penumbra de la celda de Sing Sing en la que cumple su condena íntegra: cuatro cadenas perpetúas consecutivas.

Otro dato interesante de la novela es el encuentro del protagonista con Charles Manson, al que literalmente humilla delante del resto de presos. Y es que, al verlo físicamente tan endeble, no termina de creerse que fuera el gurú de la secta satánica que llevo a cabo el espeluznante homicidio de Sharon Tate. Con anterioridad, a Martin Plunkett le atrajo este criminal al coincidir con una prostituta, sectaria del mismo, que inconscientemente le llevó al edificio rosa: carne de cultivo para sus primeros delitos; un bloque de apartamentos donde ejercían el oficio más antiguo del mundo un surtido zoológico de profesionales del sexo.

A lo largo del libro, la empatía del lector/protagonista repele por el mero hecho de estar relatada sin escrúpulos. De igual modo, a medida que releía sus páginas comprendí que eso es lo que pretendía el James Ellroy. Killer on the road es una obra relatada al estilo de aquellas autobiografías toscas que los reos componían durante su encarcelamiento y entregaban a los sacerdotes que los visitaban o a los compañeros que salían excarcelados. Estos, en la mayoría de los casos, eran los beneficiarios de dichos breviarios al encuadernarlos y venderlos a personas morbosas ávidas de conocer, de primera mano, los brutales homicidios cometidos por los condenados: mayormente analfabetos.

Hablamos, por tanto, de lo que actualmente conocemos como género carcelario. Práctica que comenzó en el XVIII o mucho antes… Ejemplo notorio del mismo, rebajado por algunos prosistas de renombre, a lo largo de los siglos, a la categoría de seudoliteratura por la reiteración de frases y la zafiedad de la escritura, fue empleado por el escritor Daniel Dafoe en varias de sus novelas; entre ellas Robinson Crusoe. Este autor aprovechó las historias que le habían contado sus compañeros, una vez indultado de sus delitos por malversación de fondos y etcétera…, para crear personajes ficticios.




Pese a que la acción de la novela se centra en las películas mentales que Martin Plunkett nos revela, por el camino nos habla de algunos compañeros parejos: el Asesino del Tarot, el Descuartizador de Richmond, el Pistolero de Pittsburg, el Estrangulador de Hillside, el Homicida del Hudson y el Matarife de Madison. Todos tienen un hueco en esta aventura sangrienta aunque sea de pasada. Excepto el Matarife de Madison; sargento Ross de la policía de Wisconsin con quien Martin Plunkett mantiene un fugaz idilio.

El catecismo de este atroz criminal se reduce a la frase: “Stay clean” –mantente limpio.

James Ellroy es un escritor con una gran formación y una inteligencia extrema cuya posición le deja rienda suelta para cualquier licencia que se tome. Humildemente pienso que juega con nosotros. ¡Qué suerte!

Quizá, Killer on the road, no sea su obra culmen, pero algo especial significará para el autor cuando en el corto que podéis ver a continuación, está presente.

Libro recomendado, sobre todo, para los lectores acostumbrados a las buenas formas.


Stay Clean - Race Owen as Martin Plunkett - James Ellroy

James Ellroy’s STAY CLEAN
Director: Mitch Brian
Writer: James Ellroy (novel)
Stars: Walter Coppage, Race Owen, Greg Kirsch y James Ellroy.




Reseña de El cuento de la criada, Margaret Atwood

Ficha bibliográfica

El cuento de la criada ePUB
Título original: The Handmaid's Tale
Margaret Atwood, 2001
Traducción: Elsa Mateo
Páginas: 1.203

Sinopsis de la novela

Amparándose en la coartada del terrorismo islámico, unos políticos teócratas se hacen con el poder y, como primera medida, suprimen la libertad de prensa y los derechos de las mujeres. Esta trama, inquietante y oscura, que bien podría encontrarse en cualquier obra actual, pertenece en realidad a esta novela escrita por Margaret Atwood a principios de los ochenta, en la que la afamada autora canadiense anticipó con llamativa premonición una amenaza latente en el mundo de hoy. En la República de Gilead, el cuerpo de Defred sólo sirve para procrear, tal como imponen las férreas normas establecidas por la dictadura puritana que domina el país. Si Defred se rebela o si, aceptando colaborar a regañadientes, no es capaz de concebir, le espera la muerte en ejecución pública o el destierro a unas Colonias en las que sucumbirá a la polución de los residuos tóxicos. Así, el régimen controla con mano de hierro hasta los más ínfimos detalles de la vida de las mujeres: su alimentación, su indumentaria, incluso su actividad sexual. Pero nadie, ni siquiera un gobierno despótico parapetado tras el supuesto mandato de un dios todopoderoso, puede gobernar el pensamiento de una persona. Y mucho menos su deseo. Los peligros inherentes al mezclar religión y política; el empeño de todo poder absoluto en someter a las mujeres como paso conducente a sojuzgar a toda la población; la fuerza incontenible del deseo como elemento transgresor: son tan sólo una muestra de los temas que aborda este relato desgarrador, aderezado con el sutil sarcasmo que constituye la seña de identidad de Margaret Atwood. Una escritora universal que, con el paso del tiempo, no deja de asombrarnos con la lucidez de sus ideas y la potencia de su prosa.

Sinopsis tomada de El cuento de la criada editado por la editorial Salmandra



Reseña de El cuento de la criada de Margaret Atwood

Llegué a su lectura después de haber escuchado las bondades de la actual serie televisiva y la película de 1990 basadas en la misma, ambas visionadas a posteriori.

Bajo esta tesitura, opino que todos los escritores desearíamos que un guion televisivo o cinematográfico reflejara el alma de nuestra obra. Esto, por suerte para la autora, es lo que le sucede a El cuento de la criada. Con el aditivo de que, sobre todo en la serie televisiva, la fuerza de las imágenes y las licencias de los guionistas, han edulcorado hasta tal punto la novela, que ha cautivado por completo a los espectadores. No es para menos.



La novela, narrada en primera persona por Defred, la protagonista, a modo de diario entrecortado donde la historia de su pasado se superpone a la del presente con una retahíla de flashbacks y algún que otro flashforward o su propia inventiva…, nos arrastra a las profundidades del abismo de una distopía que nos hace reflexionar acerca del horror del sometimiento. Margaret Atwood fundamenta su terrorífica historia, en cierta medida, desde la perspectiva de la religión panteísta que profesa.

La narración, sustentada en un futuro relativamente próximo –primer cuarto del siglo XXII—, te deja perplejo desde la primera página.

Es obvio que cause está sensación cuando descubres que los todopoderosos E.E.U.U. se han convertido en la república de Gilead: una sociedad patriarcal y arcaica gobernada por una teocracia puritana que enaltece las prácticas del Antiguo Testamento, en la que se han perdido la mayoría de libertades… Y, ¿qué decir la mujer? Las féminas han pasado de una floreciente emancipación, a una regresión absoluta donde solo sirven para cuidar la casa, hacer la compra y, ¿cómo no? Procrear.

Sin embargo, la concepción ha quedado reducida a un grupo minoritario de mujeres en edad de gestación; motivado por los medios anticonceptivos de la sociedad pre-apocalíptica y por los numerosos efectos secundarios de los agentes tóxicos post-apocalípticos. Hechos que han mermado la capacidad de fertilidad hasta cotas mínimas: el futuro de la Humanidad, peligra.


Con este panorama, imaginamos que a este grupo de mujeres tan especial, se las debe idolatrar: nada más lejos de la realidad. Se las educa en una especie de escuela monacal, tipo claustro ‘torquemanense’, donde todo es válido si no haces lo que te dicen; incluido destrozarte los pies a latigazos, darte descargas eléctricas, mantenerte arrodillada –en una día de lluvia copiosa— con los brazos en cruz y sujetando piedras en las manos…, o cualquier aberración que se les ocurra. Todo bajo dosificación de benzodiazepinas. A las chicas se las droga para que sean verdaderos lechales esperando el engorde antes de ir al matadero. La no concepción equivale a la muerte –por lo general, se las ahorca y sus cuerpos quedan a la intemperie en el muro que rodea Gilead—, o al destierro en las colonias.

El muro me hizo pensar en los guetos judíos de la Alemania nazi; en El cuento de la criada es la separación entre la República de Gilead o zona libre de guerras, de la otra sociedad… la infectada, la guerrera, la pecadora, la libre. Y en él, acaban colgados todos los que, por uno u otro motivo, desobedecen las leyes teocráticas impuestas por los gobernantes: una serie de comandantes con un poder absolutista y un ejército poderoso bajo su mando –a los soldados se les llama Ángeles o Guardianes, y a los gobernantes, Ojos.  El paralelismo con el A.T. está servido: los ángeles guardan a los mortales de cometer pecados y los ojos de Dios lo ven todo.


En las colonias acaban algunas mujeres que han intentado fugarse o que han infligido ciertas leyes; verdaderos campos de exterminio cubiertos por vertidos tóxicos al más puro Tercer Reich. No se las gasea: respiran vapores venenosos... También acaban en este lugar infernal, las no-mujeres; entre ellas las hembras maduras que no pueden engendrar o que han pertenecido o pertenecen a la resistencia. Os preguntaréis cómo a unas traidoras se las envía a las colonias y a otras se las ejecuta; la novela no lo aclara… Solo puedo decir: mejor morir ahorcada que sufrir una muerte lenta y agónica.

Es difícil de creer que, en un mundo tan férreo y con un ejército armado hasta las cejas, exista una resistencia. No obstante, como en toda guerra o régimen fascista, la hay. Lo mismo que un mercado negro y lugares prohibidos donde los mandatarios se saltan a la torera las leyes que ellos mismos han impuesto.

Os habrá llamado la atención el nombre de la protagonista: Defred. He aquí el quid de la cuestión: a las mujeres que pueden gestar, se las llama criadas en general, y, además de perder su nombre de pila e ir vestidas de rojo –para verlas desde lejos si se les ocurre escapar—, mientras perteneces a este grupo, adquieren distintos nombres… Dicho apelativo se compone de la preposición ‘de’ –en inglés ‘of’—, y el nombre propio del comandante al que sirven. De tal manera que si sirves a Fred, como el caso de la heroína de El cuento de la criada, te llamas Defred. Hay Deglen, Dewarren… 

¿Por qué? Porque, en la república de Gilead, al igual que en tiempos de los Patriarcas, las mujeres son tratadas como objetos que pertenecen a los hombres; amén de que hay una poligamia encubierta. Las criadas, no solo tienen un dueño, sino que después de parir pierden toda potestad sobre el neonato que pasa a ser hijo legítimo del comandante y su esposa. Al margen, si la criada puede volver a gestar, pasará a ser propiedad de otro comandante.


No todas las mujeres son Criadas. Dentro de la condición femenina existen distintas jerarquías… Las esposas de los comandantes, que siempre visten de azul, tienen la categoría más elevada, incluso pueden denigrar a las criadas, a las sirvientas o Marthas, a las ecoesposas o cónyuges de los hombres de menor rango que no pueden alcanzar la poligamia, y a las Tías o educadoras de las Criadas –con su look militar compuesto por un uniforme pardusco y un gorro tipo chef que les cubre el cabello.


Nunca mejor dicho: las criadas son concubinas violadas reiteradamente por el comandante de turno, vientres de alquiler sin paga extra, recipientes útiles solo para preñarse… y punto.

Por otro lado, el lenguaje del libro es adusto, pese a que la autora tiene una adjetivación magnífica y utiliza unos recursos literarios que embellecen el horror y demuestran la maestría de su pluma.

Creo que la novela presenta un desenlace abierto, lleno de suposiciones y con una prosa carente de ese remate perfecto del cuerpo de la misma. Incluso me atrevo a decir que tiene un final un tanto forzado, como para quitarse el manuscrito de encima: la madre que acaba de parir y siente un rechazo momentáneo por su vástago. Después de reflexionar he pensado: “Seguramente, la autora quería hacer una saga y al ver que no tenía la repercusión esperada en su momento, se reprimió. O quizá estamos ante una verdadera visionaria que ha sabido esperar pacientemente hasta que su libro ha dado los frutos deseados”.

Indudablemente, El cuento de la criada se ha convertido en un fenómeno de masas. En gran medida, por la puesta en escena de la serie homónima que emite el canal HULU y que en España difunde HBO. A fecha de hoy, se está pasando la segunda temporada y ya está firmada una tercera.

De lectura imprescindible: sin lugar a dudas, una obra maestra.





©Anna Genovés
3 de junio de 2018



El revuelo que ha traído consigo el serial de la cadena HULU, que emitió hace poco la tercera temporada y tiene en marcha la cuarta, es inmenso...



El cuento de la criada | Tráiler VOSE HD (HBO)




Estaba buscando frases célebres y encontré este aforismo...

De repente, me salió un microrrelato que le va como anillo al dedo. El proverbio dice lo siguiente: "Cuando la curiosidad se torna chismorreo se convierte en un vicio deplorable que ensucia a la persona".

Lobos y corderos


Mi amigo Jose me ha comentado que tiene a una ejecutiva tras sus pantalones… No, no peséis mal. Quiero decir en el aspecto sexual que, a simple vista, puede parecer. Nada de eso. La cosa es que su jefa de gabinete es de esas personas absorbentes que se creen las reinas del mambo.

Quiere saber todo cuanto hace el pobre chaval, hasta le controla lo que pone en las redes… Pero, no conforme con eso, se desdice constantemente con tal de salvar su trasero siliconado de ‘flaca’ haitiana con piel nívea como la leche. O por el mero hecho de dejarle como una piltrafa. Amén de carecer de cualquier resquicio de humor: nunca, nunca sonríe. Y, los motes, aunque sean graciosos y consentidos, ¡válgame Dios! ¡Qué horror!



En fin, por lo que me cuenta Jose, es un asco trabajar con ella. Y, encima, aburrido.

Le he dicho a mi colega que le están haciendo ‘mobbing laboral’ porque, encima, le pagan como si fuera un becario aunque pase de la cuarentena y tenga un C.V. bastante nutrido. El caso es que, cuando le comenté mi parecer, me dejó boquiabierta:

–Anna si dejo este curro… ¿quién me va a contratar? A mis años y con una esposa enferma. Sí, ya sé que mi churri percibe una pensioncita de mierda –sugiere agradecido y con cara de: “Por favor virgencita que nos dure de por vida o acabamos bajo el puente”—. Pero es eso, ‘pensioncita’ con la que no vivimos, solo sobrevivimos. Y, este currillo es una ayuda. Pequeña, pero ayuda. Por lo menos podemos tomarnos algún refrigerio y, mi chica, puede comprarse ropita de ZaraChina; que la pobre llevaba los mismos trapitos desde que la operaron de la espalda hace diez años –termina por contarme con semblante tristón.

–Ayyy…!!! Jose. Solo te queda un CDD –le contesto.

 –¿Un qué…??? –me pregunta alucinado porque no entiende lo que le he dicho.

–Fácil: o consientes o denuncias o dimites. Tú mismo –finiquito subiendo los hombros.

Poco después, abandonamos la cafetería y nos decimos adiós.



Sigo cabizbaja, con paso calmo, caminando a ritmo de R&B por las calles de mi city con un solo pensamiento: ¿Cuántas personas estarán en una situación similar, bajo una guillotina llamada ordenador? ¡Qué manera de aprovecharse de los más débiles! Corderos vestidos de lobos y lobos disfrazados de corderos. Humanidad deshumanizada.

Una de tantas vocecillas que pululan por mi masa encefálica, me suelta a bote pronto: “Genovés ya está bien de ser un paño de lágrimas que pareces Teresa de Calcuta. ¿Y, a ti, quién te ayuda?”. Me valgo por mí misma con miserias y compañía…, parloteo en solitario mientras acelero el paso y alzo el pecho como los ‘lejía’ en un desfile militar con cabra incorporada: yo misma.

©Anna Genovés
24/04/2018

Pequeñas grandes mentiras (Big Little Lies) – Michael Kiwanuka

Lobos y corderos

by on 20:55:00
Estaba buscando frases célebres y encontré este aforismo... De repente, me salió un microrrelato que le va como anillo al ded...



Las 12 últimas lecturas

En años anteriores, subía una entrada con los libros que había leído y una reseña del que más me había impactado. Pero, en 2017, por motivos laborales, me fue imposible hacerla. De hecho, estoy tan apartada de la escritura, que me tortura pensarlo; es como si me hubiera sobrevenido un divorcio inesperado y doloroso.

Las entrañas gimen, las ideas fluyen, la novela terminada, a la espera de ser revisada, me grita constantemente: “Por favor, no me abandones”. Sin embargo, los días tienen veinticuatro horas, y, en esta época tardía de la vida, ahora que los impulsos comienzan a frustrarse y que deseaba entregarme en cuerpo y alma a esa pasión intrínseca en mi persona: la escritura. Un cortafuego ha paralizado cualquier pensamiento novelesco de mi hechura.

A veces, me despierto por la noche empapada en un sudor frío que congela la piel que me recubre y los huesos que me sujetan. La imposibilidad de plasmar en los folios níveos la imaginación que comprime mi cerebelo y aprisiona mi ensueño: es insoportable.

Sin embargo, todo llegará. Como dijo Jean Jacques Rousseau: “La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”.

A lo que iba… El listado de los últimos libros que he leído y el resumen de uno de ellos. Un compendio de lecturas dispares, tanto en temática como género. Todas las obras han sido de mi agrado, y, por uno u otro motivo, me han hecho reflexionar. Voy a reseñar Gomorra, de Roberto Saviano, por causas que desvelaré más adelante... Justo, en el sumario del mismo.

Las 12 últimas lecturas



1.                  Soy leyenda, de Richard Matheson. Si sois adictos a la Ciencia ficción, y aún no lo habéis leído… ¡Ya tardáis! Mientras lo examinaba, rememoraba las imágenes de su adaptación a la pantalla grande: El último hombre vivo. Un Charlton Heston encarnando al solitario e insensible Robert Neville invadía mi memoria. Muy recomendable.

2.                  Red Riding Quartet, de David Peace. Brutal. Una crónica periodística en la que se incluyen los asesinatos del Destripador de Yorkshire. Pese a tener una base real, personajes y trama son ficticios. El autor recorre el submundo de la corrupción policial, el crimen organizado y diversos asesinatos envueltos en la pedofilia de forma magistral. Muy recomendable.



3.                  Hannibal: el origen del mal, de Thomas Harris. Si todavía no conoces el horror de manera poética, no olvides degustar sus páginas. El escritor tiene una pluma ágil y majestuosa, de adjetivación y preciosismo, insuperable. Te atrapa desde la primera página. Dudo que la monstruosidad pueda describirse con mayor delicadeza. Caerás rendido a sus pies como un esclavo ante el látigo de su dueño. Obra maestra.

4.                  Llamada para el muerto, de John le Carré. Como todas las del autor, entretiene sin tener que pensar demasiado. Es la primera aparición de uno de sus personajes emblemáticos: George Smiley –agente del MI6—. De estilográfica dinámica y toques de ese humor tan British, te hará pasar un buen rato de principio a fin. Recomendable.

5.                  Llenos de vida, de John Fante. ¡Ufff…! Nada que ver con las anteriores, pero… ¡qué bien escribía! Una pequeña autobiografía en la que recrea la agradable/horrenda vida que llevaba en la década de los 50 como parte de la clase media americana de la época. Te trasmite esa gran mentira del sueño americano que, generación tras generación, te han hecho creer. Recomendable.



6.                  Las vírgenes suicidas, de Jeffrey Eugenides. Magistral. Un auténtico drama que te subyuga desde la primera línea. Maravillosamente llevada al cine por Sofía Coppola, narra la trágica vida de una familia de clase media americana compuesta por un quinteto de adolescentes y unos padres anticuados e intransigentes que llevan a sus cinco hijas –preciosas hadas de nacarada piel y ojos dulzones—, a consumar una serie de teatrales suicidios. Actual, y, desde mi punto de vista, de lectura obligada para los padres. Obra maestra.

7.                  Crímenes bestiales, de Patricia Highsmith. De plumaje impecable, la autora manifiesta su malestar ante la injusticia y las relaciones humanas. La fórmula que emplea Highsmith es muy original: los animales de compañía se rebelan contra sus amos, evidenciando el paralelismo entre las clases sometidas y los opresores. Un tema social que no ha llegado a sorprenderme como esperaba. Lejos de El talento de Mr. Ripley u otras novelas de la autora. No he conectado con el libro.

8.                  Los reyes del cool, de Don Wilson. Muy Tarantino. Un jugoso batido entre los film Pulp fiction y Kalifornia. El ascenso al imperio del narcotráfico de tres amigos: un pacifista, un marine y O, la amante de ambos. Contemporánea y trepidante, te muestra cómo el simple cultivo de maría, puede llevarte a la cima del poder. También habla de la piña que te pegas cuando la cumbre se derrumba bajo tus pies. Muy recomendable.

9.                  Cuentos paralelos –versión original y completa—, de Isaac Asimov. Si algo me ha enseñado esta novela, además de pasármelo pipa leyéndola, es que los errores ortotipográficos no deben menospreciar nuestro trabajo. Porque, tal como él indica, a modo de: “Errar es de humanos y si una obra vale, vale con errores y sin ellos”. Este libro tiene tantos fallos como genialidades. Asimov era engreído y no se cortaba en decirlo, del mismo modo, su ingenio queda patente en cada una de sus palabras. Muy recomendable.

10.               La dama del lago, de Raymond Chandler. Una de tantas novelas entretenidas y bien escritas, del fantástico genio del noir a la antigua. De por medio, su mítico detective: el entrañable Philip Marlowe. Un caso de desaparición que encierra a femmes fatales y crímenes insospechados que se agradecen desde el inicio. Entretiene, te hace sonreír y te gusta. Recomendable.



11.               Morfina, de Mijal Bulgakov. Un relato tan imprescindible como sui generis que te trasporta al mundo de los efectos secundarios de los morfinómanos, de tal manera que, en algún momento de la lectura, deseas introducirte un chute malévolo de amapola para experimentar en tus carnes las tan apetitosas como mortíferas alucinaciones. Adictiva. Muy recomendable.



12.               Gomorra, de Roberto Saviano. El estilo punzante, real y, en ocasiones, hasta poético, convierten la novela en la joya de la corona, aunque para ello debas pasearte por el fango más escabroso de la sociedad. Saviano juega con sus emociones de amor/odio hacia la tierra e incluso los amigos que lo vieron crecer; los sentimientos son como una marca de agua en todas las páginas. A veces, la lectura es tan densa que llega a asfixiarte. Las palabras cobran vida y te envuelven en su mortífera túnica.

Gomorra no es una crónica periodística o un simple ensayo de la Camorra napolitana y cartesiana; dueña y señora de uno de los barrios más peligrosos de Europa llamado Secondigliano. Es la Biblia con versos ensangrentados de todos y cada uno de sus miembros, familiares, conocidos, amigos de los conocidos, conocidos de los conocidos… los habitantes de Nápoles y alrededores llevan una cruz que los marca y los encadena al Sistema hasta que la Muerte los lleva por delante; sea bajo un árbol cuyas raíces tapizadas de cadáveres afloran, o troceado por irse de la lengua...

Reconozco que antes de leerla era fan de la serie y el film homónimos, de idéntico nombre. Esperaba que la novela fuera un fiel retrato de una de ellas. O, quizá, un cóctel entre ambas: nada más lejos de la realidad. Me di cuenta de inmediato.

El manuscrito, que empieza y termina con el comercio; por un lado, la mercancía fresca: relojes, ordenadores, ropa de alta costura de los mejores modistos italianos… y un largo etcétera, previo almacenaje en lujosos palacetes reconvertidos en naves industriales e introducidos en contenedores que se mueven por el globo terráqueo como pacíficos arcángeles. Y por el otro, con el comercio muerto: auténticas Parcas que degüellan a quienes se ponen delante; me refiero a los residuos tóxicos y químicos que siembran el subsuelo de gran parte de nuestro querido y podrido planeta azul. Cosas de la globalización: los boss de la Camorra compran y venden de todo, inclusive tierras en el culo del mundo para enterrar la putrefacción de sus negocios.

El autor detalla tan esmeradamente cada suceso que, el lector, puede convulsar tras la lectura: no hay calificativo que explique cómo me sentía mientras leía; las mayores atrocidades del humano, tomaban forma. No era ficción, sino, por el contrario, la cruda realidad. Sin embargo, este efecto puede ser contraproducente. Al tener unas descripciones tan generosas y precisas, hay páginas prescindibles y otras cuya grandilocuencia, además de sorprenderte, te sacuden con una fuerza superior a los devastadores tsunamis que zarandean constantemente Indonesia.


…“El proyecto de almacenar los fardos en los pisos había sido ideado por algunos comerciantes chinos a raíz de que la autoridad portuaria de Nápoles presentara una delegación del Congreso estadounidense el plan sobre la seguridad. Este último prevé dividir el puerto en cuatro zonas —para cruceros, para cabotaje, para mercancías y para contenedores— y determinar los riesgos en cada una de ellas. Tras la publicación de este plan de seguridad, para evitar que se pudiese obligar la policía a intervenir, que los periódicos escribieran demasiado tiempo sobre la cuestión e incluso que algunas cámaras de televisión se colaran en busca de alguna escena jugosa, muchos empresarios chinos decidieron que había que cubrirlo todo de un mayor silencio. Debido, asimismo, a un incremento de los costes, había que hacer todavía más imperceptible la presencia de las mercancías. Hacerlas desaparecer en las naves alquiladas en rincones perdidos de la provincia, entre vertederos y campos de tabaco, presentaba el inconveniente de no eliminar el transporte por carretera. Por consiguiente, todos los días entraban al puerto y salían de él no más de diez furgonetas, cargadas de fardos hasta los topes. Solo tenían que recorrer unos metros para llegar a los garajes de los edificios situados frente al puerto. Entrar y salir, bastaba con eso.

Movimientos inexistentes, imperceptibles, perdidos en las maniobras cotidianas del tráfico rodado. Pisos alquilados. Con los tabiques derribados. Garajes que se comunicaban unos con otros, sótanos abarrotados hasta el techo de mercancías. Ningún propietario se atrevía a quejarse. Xian les había pagado todo: alquiler e indemnización por los derribos ilegales. Miles de fardos subían en un ascensor reconvertido en un montacargas. Una jaula de acero metida dentro de los edificios, que hacía deslizarse por sus raíles una plataforma que subía y bajaba continuamente. El trabajo se concentraba en unas horas. La elección de los fardos no era casual. Me tocó descargar a primeros de julio. Un trabajo que cunde, pero que no puedes hacer si no estás entrenado. Hacía un calor tremendamente húmedo. Nadie se atrevía a pedir un aparato de aire acondicionado. Nadie. Y no por miedo a represalias o por una cuestión cultural de obediencia y sumisión. Las personas que descargaban procedían de todos los rincones del mundo. De Ghana, de Costa de Marfil, de China, de Albania... y también de Nápoles, Calabria o Lucania. Nadie pedía nada; todos constataban que las mercancías no pasan calor y eso constituía una razón suficiente para no gastar dinero en acondicionadores.”…

Es pues, un libro hipnótico y minuciosamente argumentado, en el que el autor ha conjugado la expansión de la Camorra de los clanes napolitanos y cartesianos o El Sistema, nombre que actualmente reemplaza al clásico Crimen Organizado, con su política económico-financiera.

Me atrevo a decir que es irrepetible. ¿Quién mejor que Saviano, criado y partícipe de la misma en sus años mozos, podría describir tan escrupulosamente los horrores del Sistema? Nadie. En cierta medida es una obra autobiográfica escrita en primera persona, en la que, el autor, nos descubre los vericuetos y las atrocidades que estrangulan a los habitantes de la zona. ¡Que digo de la zona! Del mundo. Después de leer este documento, te sientes como una oruga que puede ser aplastada en cualquier momento por un puñado de mocosos de gatillo fácil y Kaláshnikov al hombro.

Saviano no habla de lo que todos sabemos a cerca de la Mafia: tráfico de drogas, prostitución, armas... Nos muestra con bravura un sistema perfectamente encajado, cuyos engranajes tienen aduanas y derechos de pernada, amén de un reguero de sanguinolentos cadáveres. El aceite que suaviza la monstruosa máquina es la sangre de los innumerables reventados que se cobra, por balas o cuchillos, por picadoras o toneladas de cal viva. Nadie está libre de pecado y se comercia con TODO. Sí. TODO en mayúsculas: industria textil, calzado, cadenas hoteleras y/o de alimentación, peluquerías, salones de belleza, restaurantes, electrónica, construcción, desperdicios, basura, órganos, personas. Hasta el quiosco del inválido de turno, tiene un hueco en los tentáculos del Sistema.

…”El riesgo de perder dinero no era comparable al beneficio obtenido, sobre todo si se comparaba con los intereses que habrían recibido si hubieran depositado el dinero en el banco. Los únicos inconvenientes eran de tipo organizativo:  menud hacían guardar los panes de coca a los pequeños inversores a fin de que no estuvieran almacenados siempre en el mismo sitio y de que resultara prácticamente imposible confiscarlos. Los clanes camorristas habían logrado ampliar así la circulación de capitales para invertir, implicando también a una pequeña burguesía alejada de los mecanismos delictivos, pero harta de confiar sus propios fondos a los bancos. Habían transformado, asimismo, la distribución al por menor. Los Nuvoletta-Polverino convirtieron las peluquerías y los centros de bronceado en los nuevos minoristas de la coca. Los beneficios del narcotráfico eran reinvertidos después, a través de algunos testaferros, en la adquisición de pisos, hoteles, participaciones en sociedades de servicios, colegios privados e incluso galerías de arte.”…




Al inicio de la reseña, me he referido a la novela como diferente a su film homónimo, y a su serie pareja. Desde mi humilde opinión, Saviano nos la ha jugado a todos. No escribió la obra y, casualidades de la vida, después le han comprado los derechos para la pantalla grande o la caja tonta, sino que la misma fue concebida para tales menesteres. De ahí su interminable crónica de datos y fechas como la eterna lista de los reyes aqueménidas. Y... ¿cómo no? La aparición de ese personaje ficticio, e hilo conductor del serial, llamado Ciro Di Marzio; alter ego del autor. A quien bautiza con el sobrenombre de L'immortale sabiendo que su obra pasaría a la posteridad como el Nuevo o Viejo Testamento. ¿Por qué? Porque el Sistema nunca morirá. O quizá porque del mismo modo que los Evangelios y su tocaya bíblica, tan distante en el tiempo y tan cercana en pecaminosidad, la Gomorra de Saviano puede pasar de mano en mano y convertirse en una obra infinita.

…”Al convertirse en un auténtico toxicómano el dinero nunca le llegaba, de modo que su camello le aconsejó que probara a vender en Mondragone, una ciudad sin mercado de droga. Aceptó, y empezó a vender delante del bar Domizia, hallando una clientela capaz de hacerle ganar en diez horas de trabajo lo que ganaba en seis meses como porquero. Bastó con una llamada telefónica del propietario del bar, hecha como se hace siempre por estos pagos, para que cesara la actividad. Se llama a un amigo, que llama a su primo, que se lo explica a su compadre, que le da la noticia a quien tiene que dársela. Un pasaje del que solo se conocen el punto inicial y final. A los pocos días, los hombres de los La Torre, los autoproclamados GAD, fueron   directamente a su casa. Para evitar que se escapara entre los cerdos y las búfalas, y obligarles, de ese modo, a perseguirle a través del fango y de la mierda, llamaron al timbre de su cuchitril haciéndose pasar por policías. Lo metieron en un coche y se pusieron en marcha. Pero el coche no tomó la dirección de la comisaría. En cuanto Hassa Fajry comprendió que le iban a matar tuvo una extraña reacción alérgica. Como si el miedo hubiera desencadenado un shock anafiláctico, su cuerpo empezó a hincharse; parecía que alguien le estuviera insuflando aire violentamente. El mismo Augusto La Torre, al relatar lo sucedido a los jueces, se mostraría aterrado ante aquella metamorfosis: los ojos del egipcio se hicieron minúsculos, como si el cráneo los estuviera aspirando, por sus poros emanaba un sudor denso, como de miel, y por la boca le salía una baba que parecía requesón. Lo mataron entre ocho, pero solo fueron siete los que dispararon. Un arrepentido, Mario Sperlongano, declararía posteriormente: ―Me parecía algo por completo inútil y estúpido disparar a un cuerpo sin vida. Sin embargo, siempre era así.

Augusto estaba como ebrio de su nombre, del símbolo de su nombre. Detrás de él, detrás de cada una de sus acciones, tenían que estar todos sus legionarios, los legionarios de la Camorra. Homicidios que podían haberse resuelto con muy pocos ejecutores ---uno, o, como máximo, dos— eran realizados, en cambio, por todos sus hombres de confianza.”…

Cuando acabé Gomorra estaba exhausta. Siempre he querido triunfar escribiendo y llevarme unos buenos cuartos por ello, y si digo lo contrario o me callo, miento. Pero no me gustaría estar en la piel de Saviano. Nunca cambiaría libertad por dinero.

Amarás u odiarás Gomorra, pero jamás la olvidarás. De lectura imprescindible para quienes tengan agallas.

@Anna Genovés
22/02/2018


NTO' feat. Lucariello - Nuje Vulimme 'na Speranza (Gomorra La Serie / Gomorrah soundtrack)